La ciencia ante el misterio de los ojos de Guadalupe
Un científico revela conclusiones de un estudio basado en tecnología
digital
ROMA, 11 ene 2001 (ZENIT.org).- La tecnología digital arroja nuevas claves de
comprensión de uno de los fenómenos que la ciencia sigue sin explicar: el
misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe.
Los resultados de esta investigación fueron revelados hoy en una conferencia
dictada en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma por el ingeniero
José Aste Tönsmann del Centro de Estudios Guadalupanos de México.
Este graduado en ingeniería en sistemas ambientales por la Universidad de
Cornell ha estudiado durante más de veinte años la imagen impresa de la Virgen
en ese tosco tejido hecho con fibras de maguey de Juan Diego, el indígena que
recibió las apariciones que cambiarían decisivamente la historia de México.
En particular, se ha concentrado en el enigma de los ojos.
En efecto, si bien sus dimensiones son microscópicas, el iris y las pupilas de
los ojos de la imagen tienen impresa al menos la imagen sumamente detallada de
trece personajes. Las mismas personas están presentes tanto en el ojo izquierdo
como en el derecho, con diferentes proporciones, al igual que sucede en los ojos
de un ser humano que refleja los objetos que tiene en frente.
El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe es la escena en la
que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes en
la estancia el manto con la misteriosa imagen. Era el 9 de diciembre de 1931.
La técnica que ha utilizado para su estudio el ingeniero Aste Tönsmann es la
del proceso digital de imágenes usado por los satélites y por las sondas
espaciales para transmitir informaciones visivas.
Ante todo, el científico recordó en la conferencia que nos encontramos ante
una imagen «que no ha sido pintada con mano de hombre». Ya en el siglo XVIII
varios científicos realizaron pruebas científicas que mostraban cómo era
imposible pintar una imagen así en un tejido de esa textura. De hecho, con el
pasar del tiempo, las fibras del «ayate» que utilizaban los indios se degradan.
Normalmente no deberían durar más de veinte años. Sin embargo, la imagen está
impresa desde hace 470 años.
Richard Kuhn premio Nobel de Química, recordó Aste Tönsmann, hizo análisis
químicos en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes
naturales, ni animales ni mucho menos minerales. Dado que en aquella época no
existían los colorantes sintéticos, la imagen, desde este punto de vista, es
inexplicable.
En 1979 los estadounidenses Philip Callahan y Jody B. Smith estudiaron la imagen
con rayos infrarrojos y descubrieron con sorpresa que no había huella de
pintura y que el tejido no había sido tratado con ningún tipo de técnica.
Aste Tönsmann, preguntó entonces, «¿Cómo es posible explicar esta imagen y
su consistencia en el tiempo sin colores y con un tejido que no ha sido tratado?
Es más, ¿cómo es posible que, a pesar de que no haya pintura, los colores
mantengan su luminosidad y brillantez?».
El ingeniero peruano añadió que «Cahallan y Smith han mostrado cómo la
imagen cambia ligeramente de color según el ángulo de visión, un fenómeno
que se conoce con el término de iridescencia, una técnica que no se puede
reproducir con manos humanas».
El investigador peruano comenzó a desarrollar su estudio en 1979. Agrandó los
iris de los ojos de la Virgen hasta alcanzar una escala 2.500 veces superior al
tamaño real y, a través de procedimientos matemáticos y ópticos, logró
identificar todos los personajes impresos en los ojos de la Virgen.
En los ojos de la Virgen --revela-- se encuentran reflejados los testigos del
milagro guadalupano, el momento la que Juan Diego mostraba el ayate al obispo.
Los ojos de la Virgen tienen así el reflejo que hubiera quedado impreso en los
ojos de cualquier persona en esa posición.
Se puede individuar un indio sentado, que mira hacia lo alto; el perfil de un
hombre anciano, con la barba blanca y la cabeza con calvicie avanzada, como el
retrato de Juan de Zumárraga realizado por Miguel Cabrera para representar el
milagro; un hombre más joven, con toda probabilidad el intérprete Juan González;
un indio de rasgos marcados, con barba y bigote, que abre su propio manto ante
el obispo, sin duda Juan Diego; una mujer de rostro oscuro, una sierva negra que
estaba al servicio del obispo; un hombre de rasgos españoles que mira pensativo
acariciándose la barba con la mano.
En definitiva, en los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe está impresa
una especie de instantánea de lo que sucedió en el momento en que tuvo lugar
el milagro.
En el centro de las pupilas, además, a escala mucho más reducida, se puede ver
otra «escena», totalmente independiente a la primera. Se trata de una familia
indígena compuesta por una mujer, un hombre, y algunos niños. En el ojo
derecho, aparecen otras personas de pie detrás de la mujer.
Hasta aquí llega la ciencia, fue la conclusión de Aste Tönsmann. El cómo se
ha realizado algo así no es posible descifrarlo con métodos científicos.
El ingeniero, sin embargo, se aventura a ofrecer un porqué considera que en los
ojos de la Virgen hay un mensaje «escondido» para nuestro tiempo, cuando la
tecnología es apta para descubrirlo, y cuando dicho mensaje es más necesario.
«Este puede ser el caso de la imagen de la familia en el centro del ojo de la
Virgen, en una época en que la familia está bajo un serio ataque en nuestro
mundo moderno». Un mensaje, además, profundamente antirracista, pues varias
etnias se encuentran reflejadas.
ZS01011108
Resource: ZENIT
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