¿Es
necesario el sacrificio?
Autor: Catholic.net
Las
personas más admiradas en la sociedad de hoy son los que saben sacrificarse.
¡Cuánto sacrificio se necesita para ganar la medalla de oro en las Olimpiadas!
¡Cuánto sacrificio se invierte en llegar a ser médico, ingeniero o arquitecto
de calidad! ¡Cuán admirables son las madres de
familia que se
sacrifican para que sus hijos tengan un hogar sano, culto y lleno de
oportunidades! El sacrificio, antes que ser un valor religioso, es un valor
humano.
Para profundizar: ¿Cuánto valen los valores?
Para un cristiano, en cambio, el sacrificio se abre a otra dimensión más
profunda. De la esfera humana, el sacrificio
cristiano sube a la esfera divina. En el sacrificio, los cristianos,
reconocemos que Jesucristo, el Hombre Dios, eligió para sí mismo el camino del
sacrificio «por amor», y como el camino de salvación para los hombres. Sin
embargo, Jesús no eligió el sacrificio y la cruz por gusto, para fastidiarse.
Así como vale la pena sacrificarse por años para ganar una medalla de oro, así Dios
no dudó en clavarse en una cruz para salvar a cada uno de los hombres.
Aceptando con gozo los sacrificios de la vida, el cristiano sigue el camino de
Jesús. Es así que el sacrificio sigue siendo necesario para ser cristiano. Es
impensable ser cristiano sin seguir el camino de Cristo. El sacrificio
cristiano es una imitación por el amor, porque el que ama quiere ser como el
amado. El amor es la condición para seguir a Cristo , el sacrificio es lo que
verifica la autenticidad del amor. ¡Y bien vale la pena amarle a Él que tanto
nos amó!
El valor sustitutivo y representativo del sacrificio de Cristo
1. Tomemos de nuevo algunos conceptos que la tradición de los Padres ha sacado
de las fuentes bíblicas en el intento de explicar las ’riquezas insondables’
(Ef 3, 8) de la redención.
Ya hemos aludido a ellos en las últimas catequesis, pero merecen ser ilustrados,
de forma más particularizada por su importancia teológica y espiritual.
2. Cuando Jesús dice: ’EI Hijo del hombre... no ha venido a ser servido, sino a
servir y dar su vida como rescate por muchos’ (Mc 10, 45) resume en estas
palabras el objetivo esencial de su misión mesiánica: ’dar su vida en rescate’.
Es una misión redentora. Lo es para toda la humanidad, porque decir, ’en
rescate por muchos’, según el modo semítico de expresar los pensamientos, no
excluye a nadie. A la luz de este valor redentor había sido yavista la misión
del Mesías en el libro del Profeta Isaías, y, particularmente, en los ’Cánticos
del Siervo de Yahvéh’: ’Y con todo eran nuestras dolencias las que EI llevaba y
nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de
Dios y humillado. El ha sido herido por nuestras culpas. El soportó el castigo
que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados’ (Is 53, 46).
3. Estas palabras proféticas nos hacen comprender mejor lo que Jesús quiere
decir cuando habló de que el Hijo del hombre ha venido ’para dar su vida en
rescate por mucho’. Quiere decir que ha dado su vida ’en nombre’ y en
sustitución de toda la humanidad, para liberar a todos del pecado. Esta
’sustitución’ excluye cualquier participación en el pecado por parte del
Redentor. El fue absolutamente inocente y santo. Tu solus sanctus! Decir que
una persona ha sufrido un castigo en lugar de otra implica, evidentemente, que
ella no ha cometido la culpa. En su sustitución redentora (substitutio), Cristo,
precisamente por su inocencia y santidad ’vale ciertamente lo que todos’, como
escribe San Cirilo a Alejandría (In Isaiam 5, 1; PG 70, t.176; In 2 Cor 5, 21;
PG 74, 945). Precisamente porque ’no cometió pecado’ (1 Pe 2, 22), pudo tomar
sobre sí lo que es efecto del pecado, es decir, el sufrimiento y la muerte,
dando al sacrificio de la propia vida un valor real y un significado redentor
perfecto.
4. Lo que confiere a la sustitución su valor redentor no es el hecho material
de que un inocente haya sufrido el castigo merecido por los culpables y que así
la justicia haya sido satisfecha de algún modo (en realidad, en tal caso, se
debería más bien hablar de grave injusticia). El valor redentor, por el
contrario, viene de la realidad de que Jesús, siendo inocente, se ha hecho, por
puro amor, solidario con los culpables y así ha transformado, desde dentro, su
situación. En efecto, cuando una situación catastrófica como la provocada por
el pecado es asumida por puro amor en favor de los pecadores, entonces tal
situación ya no está más bajo el signo de la oposición a Dios, sino, al
contrario, bajo el de la docilidad al amor que viene de Dios (Cfr. Gal 1, 4) y
se conviene, de esta forma, en fuente de bendición (Gal 3, 13)14). Cristo,
ofreciéndose a sí mismo ’en rescate por muchos’ ha llevado a cabo hasta el fin
su solidaridad con el hombre, con cada hombre, con cada pecador. Lo manifiesta
el Apóstol cuando escribe: ’El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno
murió por todos, todos por tanto murieron’ (2 Cor 5, 14). Cristo, pues, se hizo
solidario con cada hombre en la muerte, que es un efecto del pecado. Pero esta
solidaridad de ninguna forma era en El efecto del pecado; era, por el
contrario, un acto gratuito a amor purísimo. El amor ’indujo’ a Cristo a ’dar
la vida’, aceptando la muerte en la cruz. Su solidaridad con el hombre en la
muerte consiste, pues, en el hecho de que sólo El murió como muere el hombre
)como muere cada hombre) pero murió por cada hombre. De tal forma, la
’sustitución’ significa la ’sobreabundancia’ del amor, que permite superar
todas las ’carencias’ o insuficiencias del amor humano, todas las negaciones y
contrariedades ligadas con el pecado del hombre en toda dimensión, interior e
histórica, en la que este pecado ha grabado la relación del hombre con Dios.
5. Sin embargo, en este punto vamos más allá de la medida puramente humana del
’rescate’ que Cristo ha ofrecido ’por todos’. Ningún hombre, aunque fuera el
más santo, podía tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerlos
en sacrificio ’por todos’. Sólo Jesucristo era capaz de ello, porque, aun
siendo verdadero hombre, era Dios)Hijo, de la misma substancia del Padre. El
sacrificio de su vida humana tuvo por este motivo un valor infinito. La
subsistencia en Cristo de la Persona divina del Hijo, la cual supera y abraza
al mismo tiempo a todas las personas humanas, hace posible su sacrificio
redentor ’por todos’. ’Jesucristo valía por todos’, escribe San Cirilo de
Alejandría (Cfr. In Isaiam 5,1; PG 70,1.176). La misma transcendencia divina de
la persona de Cristo hace que El pueda ’representar’ ante el Padre a todos los
hombres. En este sentido se explica el carácter ’sustitutivo’ de la redención
realizada por Cristo: en nombre de todos y por todos. ’Sua sanctissima passione
in ligno crucis nobis iustificationem meruit’ enseña el Concilio de Trento
(Decreto sobre la justificación, c. 7: DS 1.529), subrayando su valor meritorio
del sacrificio de Cristo.
6. Aquí se hace notar que este mérito es universal, es decir, valedero para
todos los hombres y para cada uno, porque está basado en una representatividad
universal, puesta a la luz por los textos que hemos visto sobre la sustitución
de Cristo en el sacrificio por todos los demás hombres. El valía ’lo que todos
nosotros’, como ha dicho San Cirilo de Alejandría, podía por sí solo sufrir por
todos (Cfr. In Isaiam 5, 1: PG 70, 1.176; In 2 Cor 5, 21: PG 74, 945). Todo
ello está incluido en el designio salvífico de Dios y en la vocación mesiánica
de Cristo.
7. Se trata de una verdad de fe, basada en palabras de Jesús, claras e
inequívocas, repetidas por El también en el momento de la institución de la
Eucaristía. Nos las transmite San Pablo en un texto que es considerado como el
más antiguo sobre este punto: ’Este es mi cuerpo, que se entrega por
vosotros... Este cáliz es la nueva Alianza en mi sangre’ (1 Cor 11, 23. Con
este texto concuerdan los sinópticos que hablan del cuerpo que ’se da’ y de la
sangre que será derramada... en remisión de los pecados’ (Cfr. Mc 14, 22-24; Mt
26, 26-28; Lc 22, 19-20). También en la oración sacerdotal de la última Cena,
Jesús dice: ’Yo por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean
santificados en la verdad’ (Jn 17, 19). El eco y, en cierto modo, la precisión
del significado de estas palabras de Jesús se encuentra en la primera Carta a
de San Juan: ’El es la víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo
por los nuestros, sino también por los del mundo entero’ (1 Jn 2, 2). Como se
ve, San Juan nos ofrece la interpretación auténtica de los demás textos sobre
el valor sustitutivo del sacrificio de Cristo, en el sentido dela universalidad
de la redención.
8. Esta verdad de nuestra fe no excluye, sino que exige, la participación del
hombre, de cada hombre, en el sacrificio de Cristo, la colaboración con el
Redentor. Si, como hemos dicho más arriba, ningún hombre podía llevar acabo la
redención, ofreciendo un sacrificio sustitutivo ’por los pecados de todo el
mundo’ (Cfr. 1 Jn 2, 2), también es verdad que cada uno es llamado a participar
en el sacrificio de Cristo, a colaborar con El en la obra de la redención que
El mismo ha realizado. Lo dice explícitamente el Apóstol Pablo cuando escribe a
los Colosenses: ’Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por
vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en
favor de su Cuerpo, que es la Iglesia’ (Col 1, 24). El mismo apóstol escribe
también: ’Estoy crucificado con Cristo’ (Gal 2, 20). Esas afirmaciones no
parten so de una experiencia y la una experiencia personal de Pablo, sino que
expresan la verdad sobre el hombre, redimido sin duda aprecio de la Cruz de
Cristo, y también llamado al mismo tiempo a ’completar en la propia carne lo
que falta a los sufrimiento la Cristo por la redención del mundo. Todo esto se
sitúa en la lógica de a alianza entre Dios y el hombre y supone, en éste
último, la fe como vía fundamental de su participación en la salvación que
viene del sacrificio de Jesús en la Cruz.
9. Cristo mismo ha llamado y llama constantemente a sus discípulos a esta
participación: ’Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome
la cruz y sígame’ (Mc 8, 34). Más de una vez también habla de las persecuciones
que esperan a sus discípulos: ’El siervo no es más que su Señor. Si a mí me han
perseguido, también os perseguirán a vosotros’ (Jn 5, 20). ’Lloraréis y os
lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes pero vuestra tristeza se
convertirá en gozo’ (Jn 16, 20). Estos y otros textos del Nuevo Testamento han
basado, justamente, la tradición teológica, espiritual y ascética que desde los
tiempos más antiguos ha mantenido la necesidad y mostrado los caminos del
seguimiento de Cristo en la pasión, no solo como imitación de sus virtudes,
sino también como cooperación en la redención universal con la participación en
su sacrificio.
10. He aquí uno de los puntos de referencia de la espiritualidad cristiana
especifica que estamos llamados a reactivar en nuestra vida por fuerza del
mismo bautismo que, según el decir de San Pablo (Cfr. Rom 6,3)4), actúa
sacramentalmente nuestra muerte y sepultura sumergiéndonos en el sacrificio
salvífico de Cristo: si Cristo ha redimido a la humanidad, aceptando la cruz y
la muerte ’por todos’, esta solidaridad de Cristo con cada hombre contiene en
sí la llamada a la cooperación solidaria con El en la obra de la redención.
Tales la elocuencia del Evangelio. Así es, sobre todo, la elocuencia de la
cruz. Así la importancia del bautismo que, como veremos en su momento, actúa ya
en sí la participación del hombre, de todo hombre, en la obra salvífica, en la
que está asociado a Cristo por una misma vocación divina. (Juan Pablo II: El
valor redentor de la Pasión de Cristo).
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