LOS DOGMAS MARIANOS

-P. Javier Alson smc 

INTRODUCCIÓN

El concepto de Dogma debe ser revisado y entendido de manera más amplia. No es simplemente una verdad que hay que creer obligados porque sino quedamos por fuera de la Iglesia. Al dogma se llega después de años de reflexión, búsqueda teológica, aclaración doctrinal y contraste de opiniones diversas. La Iglesia, normalmente en un Concilio que reúne gran parte de ella, por eso se llaman ecuménicos, declara verdades que desde ese momento en adelante están claramente definidas y deben ser creídas de esa manera como están definidas, como dogmas de fe; de lo contrario la persona ya no pertenece a la fe y doctrina de la Iglesia sino que pertenece a otra denominación religiosa.

Una vez definido un dogma, es como una ventana que se abre hacia el infinito, donde puede penetrar la luz de Dios y donde se sigue profundizando en la verdad revelada. El dogma no es por lo tanto un límite sino más bien una etapa en el camino de la verdad, donde se establecen ciertos contenidos con claridad y desde cuya base se va a continuar elevando el edificio doctrinal de la Iglesia.

En general el pueblo de Dios en su conjunto tiene un sentido de la fe, sensus fidei, que permite el consenso dogmático. Las posturas contrastantes son de unos pocos que no armonizan con el sentido de la fe y que por lo tanto son rechazadas como verdades reveladas de Dios, como dogmas. En nuestra fe hay muchas creencias que no han sido decretados como dogmas; hay santos que no han sido canonizados. Por ejemplo, la Virgen María es la más santa de los creyentes en Cristo, sin embargo nunca hubo una declaración o canonización de María como santa de la Iglesia.

Las definiciones dogmáticas se han hecho en la medida que han sido necesarias, pero la totalidad de la doctrina cristiana no está definida de manera específica como dogmas, sino que hay puntos clave de la doctrina que se han declarado dogmas como tales.

El Credo de la Iglesia es el resumen de nuestra fe cristiana; allí se encuentran declarados los dogmas fundamentales de nuestra fe; que son, el creer en Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo; el papel de cada cual; Dios Es Creador, Jesucristo es el Redentor, nace de María y por obra del Espíritu Santo; padece, muere y resucita para salvarnos del pecado y de la muerte, después asciende a los cielos; el Espíritu es Señor y Dador de Vida; la Iglesia, el perdón de los pecados, que es la esencia de la vida cristiana y que se da en los sacramentos; la resurrección de los muertos (de la carne) y la vida eterna.

Este es el núcleo fundamental de nuestra fe cristiana; por la cual somos cristianos y no de otra religión. Además de este núcleo fundamental, nuestra fe sigue teniendo muchas otras creencias que no están claramente definidas en el credo y que algunas de ellas se han ido definiendo a lo largo de la historia eclesial y entran en el edificio de las verdades reveladas. El Concilio Vaticano II propuso el concepto de jerarquía de los dogmas, lo cual ha permitido un mayor acercamiento ecuménico, puesto que hay muchas creencias en las que coincidimos de verdad con los otros cristianos, y las que nos separan muchas veces son pocas respecto al conjunto de verdades que nos acomunan.

Esto significa que las verdades o los dogmas menos centrales pueden durar más tiempo para ser entendidos por nuestras hermanos separados, o pueden realizarse diálogos para lograr entenderse en ellos, y encontrar un lenguaje que permita descubrir si de verdad creemos o no en forma diferente en esas verdades que consideramos son revelación de Dios. Esto ocurre especialmente con los dogmas marianos, que representan una fuerte tensión en las relaciones teológicas y doctrinales con los protestantes y también en cierta forma con los ortodoxos.

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