María Madre de Dios

- Silvia Cabrera

Desde la primera publicación de nuestro periódico católico "Despertar Latino", hemos ofrecido a nuestros lectores pequeños artículos referentes a la Santísima Virgen Maria. En ellos la hemos honrado con sus diferentes títulos. En tiempo de Navidad y Año Nuevo la honramos como "María Madre de Dios". Nunca podríamos decir demasiado de nuestra Madre Santísima. Este es el tiempo apropiado para saludarla como Madre de Dios. ¡Qué felicidad comenzar el Año Nuevo reconociendo el amor, la grandeza y la ternura de Nuestra Madre!

La celebración de la "Solemnidad de María Madre de Dios" el primero de enero, es posiblemente la fiesta Mariana más antigua que se ha celebrado en nuestra Iglesia Católica. Esta fiesta se celebra con el propósito de conmemorar la tarea tan importante de María en el misterio de salvación (del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo). Se celebra, además, con el propósito de exaltar la dignidad singular que este misterio otorga a la Madre Santa…a través de la cual fuimos dignos de recibir al "Autor de la Vida".

María es verdaderamente "Madre de Dios" porque es la Madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre que es Dios mismo (Catecismo de la Iglesia Católica 509). Dios, en su designio salvífico quiso que su Hijo naciera de la Virgen María. La persona y la misión redentora de Cristo está entrelazada con la aceptación por María de compartir la misión de su Hijo para la salvación de la humanidad.

La maternidad virginal de María manifiesta la iniciativa absoluta de Dios en la Encarnación. La humanidad de Cristo, desde su concepción, está llena del Espíritu Santo porque Dios "le da el Espíritu sin medida" (Jn.3,34). Jesús, el nuevo Adán, inaugura por su concepción virginal el nuevo nacimiento de los hijos de adopción en el Espíritu Santo en la fe.

Esta celebración de la Solemnidad de María Madre de Dios es igualmente una ocasión para renovar la adoración que le debemos al recién nacido Príncipe de la Paz, escuchando una vez más la buena nueva de los ángeles (Lc. 2,14) y para pedir a Dios la paz por la intercesión de la Reina de la Paz.

Dios predestinó a María para ser la Madre de Dios y nuestra Madre. Es por eso que le dio un corazón excesivamente maternal. No existe otro corazón puramente humano tan lleno de amor a Dios y a todos los seres humanos que el de María. Por eso no debemos olvidar que la Madre de Dios es también nuestra Madre y
decirle: "Madre, nunca olvides a tus hijos y nunca
permitas que nos olvidemos de Ti."

"MARíA, TU ERES MADRE DE LA LUZ,
LáMPARA ENCENDIDA, FUEGO LUMINOSO
QUE NOS DIO A JESÚS."


Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.