Nuestra Senora de Los Angeles

- Silvia Cabrera

Todo lugar donde se le rinde honor especial a la Santísima Virgen María evoca santidad. Son lugares sagrados donde el cielo toca la tierra y donde podemos recibir gracias especiales si vamos con el corazón abierto y receptivo a todo lo que Dios nos quiera regalar. Son Santuarios Marianos.

En el año 1993, después de haber

visitado varios Santuarios del Movimiento de Schoensttat en Alemania, Suiza y Roma, tuve la dicha de visitar la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Assisi, Italia. Lo más que me impresionó fue que en medio de la

estructura de tan maravillosa Basílica, se encontraba una pequeña capillita llamada "Portiúncula", que quiere decir pequeña porción. Esta capillita existía desde el siglo VI y era el lugar que San Francisco de Asisi amaba mucho ya que allí fue que él descubrió su vocación y, donde al morir en el año 1226, le encargó la pequeña capilla a sus seguidores para que protegieran y cuidaran del lugar.

Años antes, en el año 1211, los Benedictinos le habían cedido la capilla y sus alrededores a San Francisco y sus frailes. San Francisco reparó la capillita y la nombró como primera Iglesia de la Orden Franciscana. Ya que en la capilla oían con frecuencia bellísimas voces angélicas, le dieron el nombre de "Nuestra Señora de los Ángeles". En el siglo XVI, la venerable capilla fue entronada en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Asisi.

Durante una aparición de la Santísima Virgen a San Francisco, éste recibió la "Indulgencia de la Portiúncula" como regalo especial de la dedicación de la capilla el día dos de agosto de 1216. Hoy día, muchos peregrinos que visitan este lugar oran para recibir tal bendición.

San Vicente Palloti dijo sobre la Virgen María, "Ella, es la gran misionera, ella obrará milagros". ¿Cuáles serán los

milagros que hoy necesitamos? De seguro, milagros de conversión y transformación. Desde sus santuarios nos sirve de modelo, nos educa a ser semejantes a ella, la

portadora de Cristo. Nos quiere formar en personas libres, fuertes y sacerdotales, en otros Cristos, libres de toda atadura que nos separe de su Hijo Jesús.


Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.