Nuestra Señora de la Altagracia - Patrona de la República Dominicana

- Silvia Cabrera

En esta edición, queremos saludar a nuestros hermanos de la República Dominicana dándole honor a su patrona, “Nuestra Señora de la Altagracia” o “Tatica de la Higuey”, nombre de cariño por el cual la llaman sus hijos de Quisqueya. En nuestra diócesis de Springfield, existe un gran número de hermanos dominicanos.¡Saludos a todos!

Aunque la patrona oficial de la República Dominicana es Nuestra Señora de la Merced, el pueblo dominicano siempre ha sentido más apego a Nuestra Señora de la Altagracia. Esta veneración es genuinamente dominicana. En documentos históricos se dice que en el año 1502 se dedicó una capilla de un hospital en Santo Domingo a Nuestra Señora de la Altagracia pero, no se sabe a qué imagen veneraban bajo esta

advocación.

En enero 25 del año 1979, el Papa Juan Pablo II se dirigió al pueblo dominicano reunido en la Plaza de la Independencia diciéndole: “Amen a Cristo, amen a su prójimo en Cristo y vivan su devoción a Nuestra Madre Santísima del cielo, a la cual ustedes invocan con el bello nombre de Nuestra Señora de la Altagracia”. En esa ocasión, el Santo Padre ofreció una corona a la Virgen como homenaje a esta devoción.

La imagen que se venera en el Santuario-Basílica de Higuey la trajeron dos hermanos de familia noble de Placencia, Extremadura, Alonso y Antonio de Trejo, en el año 1506. Ya que ellos habían experimentado la misericordia de la Virgen Santa muchas veces en su intercesión, le ofrecieron lugar de honor en su parroquia de Higuey para que el pueblo pudiera orar y pedir la intercesión de la Madre Santa. Los expertos mantienen que la pintura de óleo es fruto del siglo XV o del siglo XVI y que fue pintado en arte española. Como la pintura había deteriorado, la restauraron de nuevo en anticipación de la visita del Santo Padre.

El corazón materno de María comenzó a latir por nosotros en el momento que ella dio su fiat; en el momento en que se hizo madre físicamente de la cabeza de la Iglesia - Cristo Jesús. En ese mismo instante, ella comenzó a ser madre espiritual de los miembros del cuerpo de Cristo - la Iglesia. Ella es nuestra Madre. Me pregunto si nos podríamos imaginar la tierna atención que la Madre de la Divina Gracia dedica al cuidado de nuestra vida de gracia, por la cual ella y su Divino Hijo pagaron tan alto precio. Por eso, nosotros pedimos su intercesión y visitamos sus Santuarios con la expec-
tativa de encontrar su tesoro de gracias, el tesoro por el cual hemos llegado a ser sus hijos.


Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.