Nuestra Señora del Buen Consejo

- Silvia Cabrera

La veneración de la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo se remonta a una leyenda donde se dice que la imagen fue milagrosamente trasladada a Italia por dos cristianos que la querían proteger de los musulmanes. De acuerdo con la leyenda, esto pasó en el año 1467.

Históricamente, se sabe que la imagen fue coronada como "Nuestra Señora del Buen Consejo" en el año 1682 en la Basílica del Vaticano. El Papa Leo XIII le dio un significado especial añadiéndola a la Letanía de la Virgen María.

¡Qué título más apropiado para nuestra Madre Santísima en un tiempo en el que nuestra fe es puesta a tan grandes pruebas! Para los católicos que cultivamos una sana devoción a la Virgen María, sabemos bien cuál fue su actuar en la fiesta de bodas en Cana de Galilea (Jn. 2,1). No me refiero tanto a su preocupación por ayudar a los novios en su escasez de vino, pero más bien en el consejo que les da a los sirvientes: "Hagan lo que Él les diga". Este consejo vale para todos los
tiempos.

Cuando se nos hace difícil creer o recurrir a seres humanos aquí en la tierra buscando respuestas y consejos para resolver crisis y problemas ya sea en nuestra vida personal, familiar, eclesial o comunitaria, podemos siempre acudir a Nuestra Madre del Buen Consejo que siempre está lista para atendernos. De seguro que ella nos dará siempre la mejor respuesta: "Hagan lo que Él les diga". Nos pide imitarla a ella, quien en toda su vida su respuesta fue un continuo "sí" al querer de su Divino Hijo. María, el modelo más perfecto del cristiano, es, además, maestra por excelencia de fe y de obra. Ella vendrá a nuestra ayuda, pues ese es su trabajo.

Todos hemos experimentado la honda crisis por la cual atraviesa la Iglesia en nuestros días. En nuestro tiempo se ha manifestado con fuerza la debilidad humana en la Iglesia, no lo podemos ignorar. No sería provechoso verlo como un fracaso, pero mejor como un reto a buscar la santificación de nuestras propias vidas. Sin ocultar la realidad que nos envuelve, recordemos recurrir a Nuestra Madre y Consejera para que sea nuestra intercesora ante su Hijo. Ella nos conducirá por el buen camino. Sabemos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.


Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.