María, Nuestra Madre Madre del Amor

- Silvia Cabrera

El mes de febrero está dedicado al "AMOR", aunque muchas veces no entendemos el significado de esta

palabra. Se entusiasman por la belleza física, se dejan llevar por la pasión y la llaman amor! Exigen que el otro exista según los deseos de su propio yo y lo llaman amor. Prueban con alguien, le reprochan las limitaciones, lo abandonan. Prueban con otro…y hablan de amor! Entusiasmarse, exigir, probar, eso no es amor. El amor! es algo distinto. "El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de lo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo: todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta" (1 Cor.13, 4-8).

Durante este mes, nuestra iglesia católica celebra dos fiestas con relación a María. El 2 de febrero celebramos la fiesta de la "Presentación del Señor" y el memorial de Nuestra Señora de Lourdes el 11 de febrero. La fiesta de la "Presentación del Señor" se comenzó en el siglo V en Jerusalén y se extendió hasta Roma en el año 650. En la edad media se celebraba como una fiesta mariana, "La Purificación de la Santísima Virgen María". Pero desde 1960, en el hemisferio oeste, de acuerdo con la tradición de la iglesia del este, se ha vuelto a celebrar ahora como "La Presentación del Señor". Según el Evangelio de Lucas: 2, 22, se reconoce que esta fecha se fijó cuarenta días después de la Navidad.

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Desde el 11 al 16 de febrero de 1858, la Santísima Virgen se apareció dieciocho veces a la joven campesina Bernardette Soubirous en la gruta de Massabielle, en Lourdes, Francia. Fue durante estas apariciones que la Virgen le reveló que ella era la "Inmaculada Concepción".

MARIA, NUESTRA MADRE

Para muchos de nosotros, la familia ideal está formada por el padre, la madre y los hijos, aunque no siempre sea así. El tener una madre y amarla es algo completamente natural. Sin ella no habríamos venido al mundo y nuestra casa carecería del calor del hogar que nos hace sentir en familia, acogidos y seguros. La madre en el hogar desempeña una tarea fundamental que no se puede reemplazar. La madre forma el hogar, educa y une a los hijos entre sí y con el padre. El hogar es el lugar donde los hijos anhelan regresar y donde se sienten "en casa". Con su cariño y su cuidado, con su fe en medio de las pruebas, su servicio abnegado y su donarse sin límites, la madre dirige y educa a sus hijos, a quienes quiere más que a sí misma. Ella los conforta, les exige y, aun cuando caen en el lodo del pecado y la miseria, los apoya, los levanta y los anima a seguir creciendo.

Cuando Dios concibió la iglesia, la concibió con la presencia de una verdadera madre. Dios fundó la iglesia como una gran familia. Le dio a Jesucristo el Señor como cabeza y principio y, como corazón, le entregó a María. Dios lo quiso de esa manera: lo pensó, lo decidió y lo realizó. El mismo Cristo lo proclama desde la Cruz, "Ahí tienes tu Madre" (Jn.19,27).

La Virgen María es importante para nosotros simplemente porque para un hijo su madre es importante. No queremos ser hijos desagradecidos. Es completamente natural que un hijo se deje educar de su madre. A menos que ya nos sintamos "grandes", "independientes", "adultos". Ciertamente debemos ser adultos en el buen sentido de la palabra, sin embargo no debemos olvidar lo que nos dice el Señor: "Es necesario nacer de nuevo. Si no se convierten y llegan a ser como los niños no entrarán en el reino de los cielos, porque el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Mt. 19, 13; Lc. 9, 47; Mt. 18, 1; Mc. 9, 33). Por eso, como Juan Evangelista, queremos recibir a la Santísima Virgen María en nuestros hogares.

¡¡MADRE DEL AMOR HERMOSO, RUEGA POR NOSOTROS Y DANOS SIEMPRE TU AMOR!!


Credit from the Springfield's diocesan paper, The Observer, with permission.