Piedad popular, Evangelizacion y Maria

Taller CEM

- Padre Antonio Larocca SMC y Padre Javier Alson SMC

1- Directorio de religiosidad popular
2- Documentos del CELAM y de la CEV
3- Peregrinaciones y Santuarios, devociones.
4- Evangelización y piedad popular mariana en la Arquidiócesis de Barquisimeto.

Introducción.

Para celebrar en la Iglesia es indispensable la fe en Cristo. El creer es un acto profundamente humano 154-155; 166, 180. Al mismo tiempo es un acto eclesial 181 El catecismo nos recuerda que la fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. Por eso la Iglesia es la madre de la los creyentes: “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre” (Catecismo de la Iglesia Católica, C.E.C. n. 181, cfr. 51: San Cipriano de Cartago, De catholicae unitate Ecclesiae: PL 4, 503 A.). No equivocadamente Balthasar dijo que la fe de la Iglesia es la fe de María. Dentro de la Iglesia como comunidad en la fe celebramos el misterio de salvación. Por eso en la liturgia se ejerce la obra de nuestra redención y contribuye para que los fieles en su vida manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia (C.E.C. n. 1068, cfr. 5: Sacrosantum Concilium, 5).

La palabra liturgia significa no solo celebración sino también el anuncio del Evangelio y la caridad en acto. (C.E.C. n 1070) Pero la celebración de nuestra fe en Cristo no solo se expresa en la liturgia por los sacramentos, como se ha dicho, sino que desde el comienzo de la vida de la Iglesia, también encuentra su profunda manifestación en los sacramentales y entre ellos encontramos la piedad popular, también dicha religiosidad popular que celebra la devoción a María, a los testigos de Cristo en el mundo y los ángeles en la comunión de los santos. (C.E.C. nn. 1674-1675-1676)

Antes de empezar este estudio es importante aclarar en lo concerniente al culto diferenciar en él: Latría, Dulía Hiperdulía. A Dios se le rende culto de latría o adoración, a la Virgen se le rinde culto de hiperdulía o veneración, a San José de protodulía y a los santos de dulía. La piedad popular o comúnmente dicha religiosidad popular ha estado presente en el culto cristiano desde el comienzo de la vida de la Iglesia y es parte de la realidad de los sacramentales.

1. El Directorio de piedad popular y liturgia.

Bajo el pontificado de Juan Pablo II se publica por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el Directorio de Piedad popular y la Liturgia Principios y Orientaciones, (Ciudad del Vaticano 2002). Este importante documento está precedido por el decreto que aclara la importancia sea de la litiurgia como de la piedad popular según los criterios emanados por el Concilio Vaticano II en el documento Sacrosantum Cocilium: “Al afirmar el primado de la liturgia, "la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (Sacrosanctum Concilium 10), el Concilio Ecuménico Vaticano II recuerda, todavía, que "la participación en la Sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual" (ibidem 12). Como alimento de la vida espiritual de los fieles existen, de hecho, también "los ejercicios piadosos del pueblo cristiano", especialmente aquellos recomendados por la Sede Apostólica y practicados en las Iglesias particulares por mandato o con la aprobación del Obispo. Al recordar la importancia de que tales expresiones cultuales sean conformes a las leyes y a las normas de la Iglesia, los Padres conciliares han trazado el ámbito de su comprensión teológica y pastoral: "los ejercicios piadosos se organicen de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos" (ibidem 13).”. (Decreto del documento Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio de Piedad popular y la Liturgia Principios y Orientaciones, Ciudad del Vaticano 2002).

Liturgia y piedad popular en el curso de los siglos.

Mirando la historia de la Iglesia se puede ver que las relaciones entre la liturgia y la piedad popular son antiguas y se han mantenido a lo largo del tiempo. Vamos ha realizar en síntesis un recorrido progresivo para estudiar su desarrollo y relaciones y así apreciar los elementos que se han venido dando suscitados por el mismo Espíritu Santo y realizados por la Iglesia de cada época.

Época Apostólica y sub-Apostólica.

En la época apostólica y post apostólica la liturgia y piedad popular se hallan en expresiones comunes cultuales. Al comienzo para las comunidades cristianas, el centro celebrativo era esencialmente el misterio pascual y lo que contaba era la persona de Cristo Redentor (cf. Col 2, 16), el acontecimiento mesiánico de su encarnación, nacimiento, vida, muerte y resurrección, ascensión, sus palabras (cf. Jn 6, 63), su mandamiento de amor mutuo como fundamento de la naciente iglesia para el Reino (cf. Jn 13, 34), las acciones que él había pedido realizar en memoria suya para que permaneciera presente entre nosotros (cf. 1 Cor 11, 24-26), las promesas del paráclito y de su misión escatológica que recapitularía al final toda la historia de salvación. El sentido celebrativo a lo largo del año al comienzo fue segundario (cf. Gal 4, 10; Col 2, 16-19). Progresivamente después por la influencia de la tradición judaica en las prácticas devocionales y cultuales conlleva a la progresiva integración de la oración incesante de Jesús (cf. Lc 18, 1; Rm 12, 12; 1 Tes 5, 17), de la oración de acción de gracias a los momentos de comienzo, a lo largo y al final del día y expresiva de los diferentes estados de ánimo interior (ver la salmodia en general y 1 Cor 10, 31; 1 Tes 2, 13; Col 3, 17), hecho que genera el desarrollo de una piedad personal cristiana que acompaña a la vida litúrgica comunitaria.

También se va realizando la utilización de la utilización de versículos de los Evangelios y de otros escritos del Nuevo Testamento que contenían invocaciones dirigidas a Jesús, repetidas por los fieles casi como jaculatorias, fuera del contexto litúrgico y como signo de devoción cristológica: "Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí" (Lc 18, 38); “Señor, si quieres puedes sanarme” (Mt 8, 1); “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino” (Lc 23, 42); “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28); "Señor Jesús, acoge mi espíritu" (Hch 7, 59). Este será el modelo de piedad que a su vez desarrollarán innumerables oraciones dirigidas a Cristo, de los fieles de todos los tiempos. (Directorio…, nn.22-23).

Unida a esta celebración devocional de Cristo se desarrolla paralelamente y de forma más lenta la evocación de la Virgen María integrada al misterio de la salvación en la anunciación, de la proclamación de la acción de Dios en su propia vida y en la historia del pueblo de Dios con el canto del Magnificat, de su intercesión como madre de Dios a partir de la boda de Cana, y la memoria de su presencia maternal oferente al pie de la cruz. La presencia del Magnificat en el evangelio de Lucas, canto de glorificación de impronta vetero testamentaria, denota la posible práctica no solo de la veneración sino el posible uso en la prácticas de oración para la proclamación de la gloria de Dios ya presente en las primeras celebraciones litúrgicas como lo pudo atestiguar el mismo libro de los hechos cuando presente María presente y unida en un mismo espíritu de oración en el cenáculo a la espera del Paráclito. (Stefano De Fiores, María en la teología contemporánea, Sígueme Salamanca 1991, 212)

Los Evangelios además también pudieron recoger y expresar los elementos vivos de la tradición oral de las primeras manifestaciones devocionales que unían la persona de María con el culto a Cristo, después que ocurriera su muerte y asunción en cuerpo y alma a los cielos. No podemos cuantificar que relevancia pudo tener este acontecimiento del final de la vida de María, ni podemos descifrar del todo si en todas las comunidades cristianas pudo circular y trasmitirse debidamente la información de la misma que se pudo dar ya a finales del Iº siglo y comienzo del IIº.

La tradición de la muerte y asunción de María fue posiblemente el comienzo real de una devotio mariana entre los discípulos y seguidores del Señor que vino a rellenar el constante sentido de admiración y respeto hacia la madre del Señor que ya había existido mientras ella estuvo viva acompañando a la comunidad después de la Pascua. Si la persona de Cristo suscitaba admiración entre los judíos como la encarnación del Mesías anunciado por la ley y los profetas y su consecuente sacrificio pascual redentivo, María a su vez causaba admiración como la personificación real de la hija de Sión, figura que anunciaba la llegada de la era mesiánica para los hijos dispersos de Israel. Esta actitud de expectación propia del ambiente judío de la época de Jesús, a su vez se integraba con la figura de Cristo Rey de los Judíos, muerto y resucitado y a la vez recalcaba la tradición de la presencia influyente en la corte real de la ghebiráh o madre del rey propia de la cultura histórica vetero testamentaria.

Pero la presencia arqueológica de la tradición de las dos tumbas de María, la casa tumba en su estancia en Éfeso con Juan a partir de la persecución en la ciudad madre sede de la primitiva comunidad de los creyentes, y la tradicional tumba de finales del siglo Iº en Jerusalén, agrega otro detalle importante a la discusión del comienzo de la devoción mariana. Pero esta práctica posiblemente no fue directamente realizada por separado del culto al mismo Señor para no resaltar innecesariamente la figura de la Madre al lado de Cristo nueva Pascua y así desviar la atención religiosa y espiritual hacia un foco no eminentemente cristológico y para no implícitamente decentrar la liturgia cristiana naciente.

Desde el comienzo la figura de la Hija de Sión está unida consecuencialmente a la figura del Siervo doliente como lo muestra la exégesis del libro de Isaías. Pero, lo que es cierto y es innegable es que para los nuevos creyentes la memoria de la presencia intercesesora de María, virgen madre del Señor, quedó fijada para siempre a partir del nuevo testamento y expresaba esta unión en la generación del Nuevo Israel. Tanto los escritos de Lucas como los de Juan se hacen eco de esta exégesis. La comprensión de la existencia de una plena identificación de María, madre del Señor, feliz porque ha creído lo que se había anunciado con la misma figura de la Iglesia naciente en Cana, Calvario, Pentecostés y en la Apocalipsis se fue dando progresivamente en la práctica cultual. Los elementos de la revelación se fueron progresivamente desprendiendo de las catequesis eucarísticas y bautismales y se fueron prolongando y contextualizando en las prácticas devocionales personales, domésticas y comunitarias. Se puede decir que allí se da la convergencia del sentido cultual con lo cultural que está a la base de la piedad popular. La evangelización como una fuente de agua irrumpe desde la realidad originaria del judaísmo de Cristo y se desborda históricamente en el inmenso y polifacético mundo conocido de la época. Con respecto a la devoción mariana a partir de la experiencia comunitaria celebrativa de los primeros crisitianos se puede establecer un proceso de tres etapas: de admiración mezclada con gratitud basada en el paralelismo María-Eva, que integra María al plan de salvación, segundo de oración confiada como respuesta de fe del pueblo de Dios, tercero de veneración en los templos y los mosáicos y pinturas en la contemplación del misterio de la maternidad divina. (Stefano De Fiores, María en la teología contemporánea, Sígueme Salamanca 1991, 212)

En los primeros siglos.

En los primeros siglos del cristianismo se puede hablar de un complejo fenómeno donde empieza a darse desde afuera del cristianismo la coexistencia de diferentes culturas dentro del equilibrio de la pax romana del imperio por un lado, y desde adentro el crecimiento del Reino acompañado por el progreso de la cultura universal desde el judeocristianismo por el otro C.E.C. n. 2820; todo este proceso a su vez se da acompañado por la experiencia novedosa de la unidad creciente de la Iglesia C.E.C. nn. 8, 14 a pesar de la diversidad culturales y religiosas existentes entre oriente y occidente. Ambos procesos, desde adentro y desde afuera, unificados en el camino de la evangelización creciente, son impulsados por la misma acción del Espíritu Santo que así se va revelando sea en la integración de la liturgia universal como en la piedad popular relacionada a cada cultura. De esta forma la evangelización no es fruto de una mera sobre posición de criterios o de elementos antropológicos que puedan coincidir de alguna manera, sino de una auténtica integración cultual y cultural que arranca de la misma experiencia trasmitida y recibida del Cristo resucitado, centro vivo de las diferentes comunidades creyentes.

Desde el siglo II, empieza a emerger el proceso de progresiva incorporación por el cual empiezan a aparecer formas y expresiones de piedad popular, de origen judaico o greco-romano, o de otras culturas, que confluyen espontáneamente en la Liturgia. Recordamos por ejemplo el documento de la Traditio apostólica con elementos incluidos de raíz popular. El culto de los mártires se extendió muy rápidamente en las Iglesias locales y dentro de esa devoción se pueden encontrar restos de usos populares relacionados al culto de los difuntos. Esbozos de piedad popular se pueden encontrar también en algunas primitivas expresiones de veneración a la Bienaventurada Virgen, entre las que se recuerda la oración Sub tuum praesidium del IIº-IIIº siglo o como la famosa pintura de María con el Niño en las catacumbas de Priscila de Roma, donde se asocia el culto a los muertos y a los mártires con María madre y la figura del nuevo nacimiento en Cristo. También recordaremos que en cierto lugares fuera de Palestina el culto mariano naciente a la maternidad divina de la Virgen María en Alejandría posiblemente se vio relacionado como por ejemplo en Egipto con el culto pagano a la diosa Isis egipcia o de de la diosa griega Artémis en Efeso.

La Iglesia movida por el Espíritu Santo emprende un camino sistemático con respecto a la importancia de los lugares de culto, las edificaciones y las normativas para mantener la dignidad de las celebraciones de los misterios (cf. 1 Cor 11, 17-32), al mismo tiempo integra, donde se presente la circunstancia, a los ritos litúrgicos las formas y expresiones de la piedad popular correspondiente. El texto del Directorio al respecto nos dice: “En esta época, Liturgia y piedad popular no se contraponen ni conceptualmente ni pastoralmente: concurren armónicamente a la celebración del único misterio de Cristo, unitariamente considerado, y al sostenimiento de la vida sobrenatural y ética de los discípulos del Señor.”.(Directorio…, n.23)

A partir del siglo IVº con el edicto del emperador Constantino del 313 d.c. la Iglesia se encuentra en la nueva situación político-social de ser el cristianismo la religión oficial del imperio “la relación entre expresiones litúrgicas y expresiones de piedad popular se plantea más allá de una espontánea convergencia sino también de consciente adaptación y enculturación.”. (Directorio…, n. 24) Empieza un proceso conciente de integración conciente entre los elemento paganos que no estaban en contradicción con los valores evangélicos y con la esencia del culto cristiano y también de purificación y adaptación de estos mismo elementos a la liturgia centrada en Cristo. Es común la referencia cultual y el empalme entre mitologías paganas ya existentes con las nuevas tradiciones de santos y de mártires que van engrosando el caudal de liturgias locales y calendarios de festividades a lo largo del año. Se puede hablar de un proceso histórico a lo largo y a lo ancho del imperio Romano de carácter cultural religioso que no solo marca el camino de evangelización y de establecimiento del cristianismo, sino también de profundo rescate en el culto cristiano de las expresiones genuinas del verdadero sentir profundo religioso del ser humano que había sido canalizado primariamente en los cultos a los falsos dioses.

En los siglos IVº-Vº sobre todo bajo el pontificado de San Gregorio Magno (590-604) se organiza el año litúrgico para evidenciar el sentido pastoral de lo sagrado que llega a regir lo temporal y lo espacial, asociado al misterio de Cristo y al día del Señor, las fiestas pascuales, los tiempos de preparación de ayuno y abstinencia y las demás fiestas relacionadas como la Natividad, la Epifanía, la Ascensión, la memoria de los mártires. Lo mismo acontece con los lugares de culto pagano que una vez reacondicionados son utilizados para el culto cristiano. Se desarrolla así la gran proyección arquitectónica del misterio de Cristo celebrado y la figura de la Iglesia celebrante en la belleza de los ritos.

Este gran proceso de conformación litúrgica se enriquece de una gran comprensión y apertura a las diferentes lenguas, tradiciones, contextos sociales, elementos de sensibilidad popular que ayuda por un lado al camino de diferenciación consiguiente de las diversas familias litúrgicas. Por otro lado de parte de las iglesias locales se empiezan a establecer las normas, la organización y el ritmo litúrgico con formas fijas para preservar la doctrina, y la estructura del cuerpo litúrgico y de los ritos. Esta instauración necesaria en un cierto sentido hizo perder la creatividad original del mismo proceso y produjo como efecto el incremento de texto de piedad privada y popular (Directorio…, n. 26).

Además se fue constituyendo en este período el vínculo entre doctrina, liturgia y piedad popular. Dentro del proceso de la elaboración de la doctrina de los primeros siglos se fue dando la formulación de los distintos símbolos de la fe y de los dogmas que a su vez recogieron de la tradición oral y escrita e influenciaron a su vez la liturgia y promovieron ulteriormente la devoción popular religiosa: por ejemplo el concilio de Efeso (431) con la declaración dogmática de la maternidad divina de María y el concilio Lateranense (649) con la afirmación del dogma de la virginidad perpetua de María motivaron la devoción popular y el culto litúrgico de la maternidad divina y de la virginidad de María tanto en Oriente como en Occidente. A partir del siglo V también desde oriente empiezan a llegar las tradiciones de fiestas marianas como la Hipapante ó Candelaria, la Asunción de María, la presentación de María al Templo y la natividad de María, y su sucesiva integración al año litúrgico y a la devoción popular fue aceptada siempre con entusiasmo y regocijo tanto a nivel público como privado.

La Edad Media

Si los primeros siglos hasta el VIIIº IXº fueron los que marcaron la difusión del evangelio y el establecimiento en la realidad histórica, religiosa, social y cultural más allá de Palestina y de Judea, la edad media (alta y baja) que le siguió fue la época donde el cristianismo llegó a formular y realizar el proyecto de la Civitas Dei es decir la realización de una civilización fundada en la fe cristiana no por conveniencia política o histórica, sino por el absoluto convencimiento de que el mundo, la historia, la cultura el tiempo el espacio, la naturaleza, el cosmos, la trascendencia del ser, el ritmo de vida diaria incluida la muerte, estaban perfectamente ligados a la realidad de Dios revelado en Jesucristo. La liturgia bizantina y la monástica, el arte y la arquitectura post-románico y el gótico arroparon y expresaron este común sentido de la vitalidad propia del medioevo y lo proyectaron hacia la vida pública y privada, familiar y social, de pobres y ricos, plebeyos, sirvientes y dueños, monjes, sacerdotes, obispos, matrimonios, jóvenes y viejos, hombres y mujeres.

En Oriente después de la crisis iconoclasta que acontece en dos momentos (725-787 y 815-843) con el decreto De sacris imaginibus del Concilio ecuménico de Nicea II (787) se propaga el uso del icono y de las imágenes con un gran impacto en el proceso de la devoción popular y en el uso litúrgico que se hace de las mismas en la veneración de la presencia del misterio representado y celebrado. (Directorio…, n. 28).En Occidente se desarrolla el encuentro del cristianismo con los nuevos pueblos de centro y de norte de Europa, como los celtas, visigodos, anglosajones, francogermanos, y esto a su vez engendra un fructífero “proceso de formación de nuevas culturas y de nuevas instituciones políticas y civiles.” (Directorio…, n. 29). Lo que caracteriza enormemente este período hecho que se prolonga hasta la mitad del siglo XV es el dualismo celebrativo entre la celebración en lengua latina de la liturgia y el desarrollo de una piedad popular en lengua vernácula.

Entre las causas que corroboran a esta división tenemos: la reducción de la participación de los laicos en la celebración litúrgica competencia exclusiva de los clérigos; el conocimiento insuficiente de las Escrituras y la difusión de la literatura apócrifa, más imaginativa y milagrera; la escasez de predicación mistagógica y homilética acompañada por una formación catequética insuficiente; el uso del alegorismo que aleja el significado original de los textos sagrados; la utilización de formas y estructuras expresivas populares, ante una Liturgia que se había vuelto incomprensible y distante para el pueblo. (Directorio…, n. 30). En la Edad Media nacen y se desarrollan así muchas prácticas devocionales que todavía perduran en la actualidad: sobre todo los acontecimientos salvíficos de la Navidad de Cristo y de su Pasión, Muerte y Resurrección donde siempre se celebra la presencia de María como Madre y Señora.

Se dan formas devocionales alternas o parecidas a algunas expresiones litúrgicas; así, por ejemplo, frente a la poca costumbre de comulgar en la Santa Misa se practica la adoración al Santísimo Sacramento; el rezo del Rosario tiende a sustituir la del Salterio sobre todo en los hermanos legos que no saben leer y escribir; las prácticas de piedad del Viernes Santo por la Pasión del Señor suplantan la acción litúrgica propia del día; se incrementan las formas populares del culto a la Virgen Santísima y a los Santos: peregrinaciones, veneración de las reliquias, letanías y cantos en sufragios por los difuntos; y en los ritos de bendición se mezclan elementos cristianos con vestigios pre-cristianos de culturas diferentes de carácter naturalista o pagano.

Se puede decir que en la Edad Media, la relación entre Liturgia y piedad popular presenta una influencia reciproca por un lado y por el otro mantiene un cierto dualismo. Al final de la Edad Media, ambas pasan por un periodo de crisis: “en la Liturgia por la ruptura de la unidad cultual, elementos secundarios adquieren una importancia excesiva en detrimento de los elementos centrales; en la piedad popular, por la falta de una catequesis profunda, las desviaciones y exageraciones amenazan la correcta expresión del culto cristiano.” (Directorio…, n. 33)

La Época Moderna

Desde el siglo XV se da más importancia a muchos ejercicios de piedad basados en la devoción espiritual interior íntima y personal, la devotio moderna, unida a la meditación y afectiva fundamentada en la humanidad de Cristo y en la contemplación de su pasión y muerte. En un cierto sentido la liturgia queda movida de su carácter de fuente principal de encuentro con Cristo lo cual favorece las prácticas de oración y de espiritualidad a expensas de las celebraciones comunitarias y eclesiales. Esto implica la perdida de la valoración plena de la celebración y de la participación litúrgica. Los descubrimientos geográficos de África, América y Asia entre el siglo XV y el siglo XVI fomentan nuevamente la relación entre liturgia y piedad popular dado que los misioneros realizan su labor evangelizadora sobre todo por el anuncio del kerigma en la Palabra, las catequesis, y en la celebración de los sacramentos. (Directorio…, n. 36). Hubo intentos importantes en el siglo XVI para la renovación litúrgica y de purificación de la piedad popular: hay que recordar por ejemplo el aporte al respecto de los monjes camaldulenses Pablo Justiniani y Pedro Querini, autores de un Libellus ad Leonem X. (Directorio…, n. 37) La aparición del fenómeno protestante puso más en dificultad el discurso sobre liturgia y piedad popular debido a la crítica de los reformadores.

El Concilio de Trento (1545-1563) buscó responder desde el aspecto doctrinal la cuestión protestante, en especial definiendo la formación litúrgica y en el ejercicio de la piedad del pueblo por medio del Catecismo para evitar abusos y errores y devolver al antiguo esplendor y dignidad la liturgia romana. A pesar de esto la rigidez de la ordenación de las rúbricas reforzó el aspecto jerárquico y profundizó el dualismo con la piedad popular que a su vez floreció creativamente y abundantemente, mientras que la La Reforma católica buscó acompañar la liturgia bien definida y formal con la cultura barroca en las expresiones literarias, artísticas y musicales, arquitectónicas de la piedad cristiana. (Directorio…, n. 40-41). Además favoreció con la difusión de los ejercicios piadosos la defensa de la fe y así evitó al mismo tiempo los abusos y los excesos por la riqueza de la creatividad que propiciaba la misma cultura barroca. El desarrollo de cofradías piadosas que meditaban, celebraban y festejaban los misterios de la Pasión del Señor, a la Virgen María y a los Santos lograba fomentar la fe y ayudar a realizar la experiencia religiosa del pueblo cristiano.

“Las “misiones populares”, de la época motivaron la propagación de los ejercicios de piedad. “En ellas, Liturgia y piedad popular coexisten, aunque con cierto desequilibrio: las misiones, de hecho, tienen por objeto conducir a los fieles al sacramento de la penitencia y a recibir la comunión eucarística, pero recurren a los ejercicios de piedad como medio para inducir a la conversión y como momento cultual en el que se asegura la participación popular.”. (Directorio…, n. 41). También las diferentes prácticas fueron sistematizadas en manuales de oración que con la debida licencia se utilizaban a lo largo del año y en las diferentes ocasiones. En este tiempo de la Reforma católica se dan también situaciones no muy conveniente hasta el punto que en las mismas celebraciones se entrelazaban prácticas devocionales que interferían con la liturgia y desplazaban su auténtico significado, sobre todo con la perdida del significado de la Sagrada Escritura y del misterio central pascual del domingo. Se dualiza el sentido de la piedad religiosa y liturgia, entre la religión de los doctos más cercana a la liturgia y a una devoción espiritual general, por ejemplo el uso de una devoción mariana espiritual no ligada a específicas advocaciones o tradiciones, y la religión de los sencillos más cercana a la realidad de la religiosidad popular considerada más entremezclada con fanatismo y superstición. La Iglesia de toda manera se esfuerza en mantener integrada los dos aspectos de la misma realidad del culto cristiano. Dentro de este proceso hay que recordar la importancia de la escuela francés del siglo XVII con San Francisco de Sales, el cardenal Berulle, San Juan Eudes, San Luís Grignon de Monfort, el fundador Olivier entre otros, que en realidad profundizaron el sentido de una genuina devotio mariana que combinara desde una profunda espiritualidad centrada en Cristo ambos aspectos del culto mariano: el litúrgico y el popular.

La misma piedad popular, que había ayudado a contener los efectos negativos del movimiento protestante, es utilizada para compensar la expansión del racionalismo ateo y, dentro de la Iglesia, las consecuencias del Jansenismo. Recordaremos la devoción del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María (ver la espiritualidad de San Juan Eudes, de Santa Margarita Alacoque y la práctica de los primeros viernes). Con respecto al lento proceso de recuperación del uso de la lectura de la Palabra se recuerda la obra de Benedicto XV que autorizó “el uso de la Biblia en lenguas vernáculas.” (Directorio …, n. 42)

Ahora si por un lado de se había consolidado el rito romano en la época misionera entre el XV y el XVIII siglo la evangelización del mundo por fuera de Europa se difunda una liturgia en los diferentes pueblos acompañada por la piedad popular: la Liturgia se mantiene romana para evitar confusiones en la fe y no se plantea casi el problema de la inculturación (recordaremos el caso de los ritos chinos con Mateo Ricci y de los ritos hindúes con Roberto De´Nobili), y la piedad popular presenta una doble vertiente. Por un lado donde no ha llegado en profundidad la labor evangelizadora se cae en el sincretismo religioso, y por el otro lado se vuelve profunda y madura y logra una verdadera integración y no sobre posición con las culturas locales. (Directorio…, n. 43)

En Latino América empieza un proceso diferente de inculturación de la fe, sobre todo a partir de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe en México (1531) y de Nuestra Señora de Coromoto en Venezuela (1652), que con su naciente devoción e impacto histórico cultural religioso activan el proceso de evangelización desde criterios inculturados, criterios no impuestos sino gratificados providencialmente a los pueblos amerindios y a la raza criolla naciente. El desarrollo de la piedad popular y de la misma liturgia se ven beneficiados por estos eventos mariofánicos. Ellos responden perfectamente a la necesidad y a la búsqueda de modelos de inculturación apropiados de esta época y abren un camino a futuro cuyos efectos perduran y se renuevan en la actualidad en la realidad de la nueva evangelización de este continente.

La Época contemporánea

Después de la revolución francesa del siglo XIX y posteriormente de la era napoleónica, y sus efectos anti-religiosos cristianos y anti-católicos, se da un camino de reconstrucción religiosa y renacimiento litúrgico (mencionamos la obra litúrgica del abad Prosper Guéranger (+1875), restaurador del monacato en Francia y fundador de la abadía de Solesmes), que sobre todo se expresa progresivamente con el surgimiento de centenares de congregaciones de vida religiosa, en especial de denominación y espiritualidad mariana (se habla de unas setecientos Jean Comby, La Historia de la Iglesia, vol. 2: del siglo XV al siglo XX, Verbo Divino, Estella (Navarra) 1993, 106). Básicamente se abre camino la figura de Iglesia no sólo como una sociedad jerárquica, sino también como pueblo de Dios y comunidad cultual.(Directorio…, n. 44) y se reabre el interés para los estudios bíblicos, patrísticos dentro de la progresiva preocupación ecuménica como en el Beato Antonio Rosmini (+1855) y el famoso converso del anglicanismo el cardenal John Henry Newman (+1890).

Al valorarse la Iglesia como pueblo de Dios se motiva la liturgia entendida como la expresión cultual, sentida y participada, de todo el pueblo de Dios. De esta forma se empieza a recupera el terreno entre la piedad popular y el culto celebrado. Así, al incrementarse el uso del canto litúrgico se da el aumento de nuevos cantos populares; facilitado por el uso de misales bilingües y de la propagación de devocionarios. El romanticismo de la época se refleja también en la devoción popular y con respecto a María se exaltan espiritualmente los valores virtuosos de su ser femenino como virgen, esposa y madre. También en esta época se desarrolla un fenómeno ya conocido desde la antigüedad que relaciona la piedad popular influenciada por las apariciones y milagros de la Virgen María:”Expresiones de culto locales, nacidas por iniciativa popular, y referidas a sucesos prodigiosos, milagros, apariciones, (ver La Salette, La milagrosa, Lourdes), obtienen posteriormente un reconocimiento oficial, el favor y la protección de las autoridades eclesiásticas y son asumidas por la misma Liturgia. En este sentido es característico el caso de diversos santuarios, meta de peregrinaciones, centros de Liturgia penitencial y eucarística y lugares de piedad mariana.” (Directorio…, n. 45)

Gran labor desarrolló al respecto de la liturgia el Papa san Pío X (1903-1914) que buscó popularizarla, es decir hacerla “popular”. Para que el pueblo tuviera un auténtico espíritu cristiano. También afirmó la superioridad del culto litúrgico para evitar la confusión con la piedad popular y buscó abrir caminos en la justa comprensión y relación entre liturgia y prácticas piadosas populares. De esta forma se desarrolló paulatinamente el gran movimiento litúrgico entre el siglo XIX y XX con el aporte de especialistas, teólogos, monjes, obispos y pontífices, que movidos por el Espíritu Santo fueron reconociendo, profundizando el objetivo pastoral de renovar la participación y el sentido de pertenencia al la enorme feligresía multicultural y multiétnica del pueblo de Dios, (cfr. 1 Pe 2,5). Al mismo tiempo se fue aclarando la importancia de la devoción popular a pesar de la resistencia de los exponentes más estrictos de la renovación litúrgica. En este sentido el papa Pío XII, en la encíclica Mediator Dei del 21 de Noviembre de 1947, defendió la importancia de los ejercicios de piedad, con los cuales, se había identificado la piedad católica de los últimos siglos.

Al final de este recorrido histórico el Concilio ecuménico Vaticano II, mediante la Constitución Sacrosanctum Concilium, definió el magisterio de la relación entre la Liturgia y la piedad popular, “proclamando el primado de la santa Liturgia y la subordinación de los ejercicios de piedad, aunque recordando la validez de estos últimos.”. (Directorio…, n. 46)

El movimiento mariano entre el siglo XIX y XX que desembocó en la proclamación de los dogmas marianos, el de la Inmaculada Concepción 1954 primero y el de la Asunción 1950 después, fue acompañado por una profunda, fuerte devoción mariana que favoreció sea la liturgia como la piedad popular. No olvidemos al mismo tiempo la influencia de las apariciones y mensajes de Nuestra Señora en Lourdes 1958 y Fátima 1917 que prácticamente dominaron el cuadro espiritual y devocional del último siglo.

Situación actual de la piedad popular y de la liturgia

A lo largo de esta línea histórica esbozada se ha mantenido idéntica la tensión dinámica entre la religiosidad popular y la liturgia, tensión ó desequilibrio que no hay que juzgar negativamente, sino comprenderla en su aspecto dinámico ligado al transcurrir de la historia de la Iglesia que sucesivamente ha ido incorporando elementos culturales propios y cada vez ha renovado desde la voz del Espíritu. Este mismo Espíritu es el animador de la acción litúrgica de la Iglesia, es el promotor de la inculturación devocional popular, que promueve el verdadero proceso de expresión, evangelización inculturación y celebración que le corresponde a la piedad en su sentido original (hesed en hebréo Ex 34, 6 y eulabeia: Heb 12, 28 y eusebeia en griego 1Tim 3, 16, (voz Piedad en X. Léon-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder Barcelona 199617, 694): la respuesta al acto de amor del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo que genera el verdadero culto agradable a Dios.

Lo que el Directorio indica de la relación entre religiosidad popular y liturgia como causa de desequilibrio están: la perdida de la debida valoración de la misma liturgia, la escasa conciencia del sentido verdadero del misterio pascual que desvía hacia otros episódios salvíficos la atención cultual del creyente, la perdida del sacerdocio universal que se expresa en la devoción popular, la ignorancia del significado de los gestos, palabras y signos de la liturgia que induce a preferir los ejecicios de piedad más cercanos culturalmente. Por esto el documento sugiere una inteligente y perseverante acción catequética y pastoral (Directorio…, n. 49) si plantear términos de oposición o de sustitución de uno por el otro, entre la realidad de la piedad y la liturgia.

Algunos elementos están a la base de la desestima de la piedad popular que es bueno revisar según este documento: no se valora que la piedad popular es también una realidad eclesial promovida y sostenida por el Espíritu, no se consideran suficientemente los frutos de gracia y de santidad que ha producido la piedad popular, existe la ilusión de una liturgia pura que responde más a un idealismo que a una realidad histórica concreta, se confunde el sentido legítimo y valido del sentimiento del espíritu humano expresado en la liturgia y en la devoción popular con el sentimentalismo, que se puede considerar como una desviación de tipo emocional y reactivo, de carácter eminentemente sujetivo, que no corresponde al ejercicio de una verdadera espiritualidad interior expresada como culto de amor, entregado al servicio de Dios y del prójimo. (Directorio…, 50).

La excesiva valoración de la piedad popular ha generado por lo contrario una desvaloración de la liturgia porque considerada ajena al pueblo, incomprensiva y descontextualizada. (Directorio…, n. 52). Por esto algunos han afirmado que las prácticas de piedad celebran la vida de forma libre y espontánea mientras que la liturgia, por estar centrada en Cristo está relacionada al memorial del misterio de Cristo anámnesis y por eso es anamnética y por lo tanto es fija y formal y no facilita la expresión espontánea, del cuerpo del corazón y del espíritu del hombre como lo permite la piedad popular. Además esta última permite la expresión de la oración y de la vida interior mientras que la liturgia no ayuda por sus formularios y repetición ajenos a los diferentes modelos culturales. (Directorio…, n. 52)

Sin embargo, a pesar de estas opiniones, el concepto auténtico de Liturgia cristiana se mantiene íntegro si no es vaciado de sus elementos esenciales como: "toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia", la liturgia por ser perfectamente unida a la glorificación de Dios uno y trino tiene un insustituible valor soteriológico y doxológico, “mediante la Liturgia se ejerce la obra de nuestra Redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía” (Directorio…, n. 55). También es importante recordar que valorar exclusivamente la religiosidad popular puede favorecer el distanciamiento de los creyentes del núcleo esencial de la fe cristiana canalizándolo en una religiosidad cósmica de procedencia pre-cristianas o neo-gnósticas, con elementos más de carácter cultural, étnico, psicológico que realmente relacionados con la revelación.

Al mismo tiempo se puede caer en el peligro de una ilusión o convencimiento de alcanzar la trascendencia por medio de experiencias religiosas que se olvidan que el auténtico sentido cristiano de la salvación “es un don gratuito de Dios y no fruto de su esfuerzo personal (ver la desviación pelagiana)” y que solo es Cristo el auténtico mediador y salvador. (Directorio…, n.57). En fin se sugiere integrar los ejercicios de piedad a los tiempos litúrgicos de manera que queden "dirigir con lucidez y prudencia los anhelos de oración y de vida carismática" que se manifiestan en la devoción popular y se pueda encauzar el proceso auténtico de inculturación. (Directorio…, n. 58) En fin es importante remarcar como lo hace el documento de que:“Las generaciones posconciliares - según los diversos países - no tienen experiencia de las formas de devoción que tenían las generaciones anteriores: por esto la catequesis y las actividades educativas no pueden descuidar, al proponer una espiritualidad viva, la referencia al patrimonio que representa la piedad popular, especialmente los ejercicios de piedad recomendados por el Magisterio.”. (Directorio…, n. 59)

Conclusión de esta retrospectiva.

Existe así un verdadero proceso de apropiación y de dignificación de lo humano primero en la persona de Cristo, después, por derivación, de la persona de María, su madre, proceso que se reconduce y se alarga a toda la humanidad y hace redescubrir la importancia del valor del ser humano en su identidad como individuo, como colectividad eclesial y social, hecho que en las culturas y religiones paganas del mundo conocido de la época estaba oscurecido y apagado (ver por ejemplo la problemática de la esclavitud, del servicio, y de los marginales en las antiguas concepciones no cristianas y el impacto social de cristianismo: ver del papa Benedicto XVI la Encíclica Spe Salvi). Así desde los primeros siglos del cristianismo se cumple a cabalidad la restauración antropológica cultural y religiosa de lo masculino y de lo femenino que lo celebra en la figura del nuevo Adán el hombre nuevo a partir de Cristo y en la figura de María nueva Eva, según el principio de San Ireneo: “Lo que no es asumido no es redimido”. La liturgia con la piedad popular se pueden considerar los factores promotores de ese proceso histórico de inculturación del restaurare omnia in Christo generado por la acción del Espíritu Santo alma de la Iglesia.

La veneración a la Santa Madre del Señor.

El capítulo V del Directorio se preocupa de presentar el culto a María. En general se pueden diferenciar en la devoción mariana cuatro aspectos: Veneración o hipeldulía porque se reconoce la excelencia de la madre de Dios, amor amar a Cristo es amar a María y amar a María es amar la Iglesia de Cristo, invocación se invoca como intercesora, imitación de las virtudes.

La subdivisión del capítulo se resume así: Algunos principios (183-186); Los tiempos de los ejercicios de piedad marianos (187-191); La celebración de la fiesta (187); El sábado (188); Triduos, septenarios, novenas marianas (189); Los "meses de María" (190-191); Algunos ejercicios de piedad, recomendados por el Magisterio (192-207); Escucha orante de la Palabra de Dios (193-194); El "Ángelus Domini" (195); El "Regina caeli" (196); El Rosario (197-202); Las Letanías de la Virgen (203); La consagración – entrega a María (204); El escapulario del Carmen y otros escapularios (205); Las medallas marianas (206); El himno "Akathistos" (207). Vamos a reportar el texto de los principios generales que consideramos más importante para poder comprender las devociones populares marianas combinadas con la liturgia y el tiempo litúrgico.

Algunos principios

“La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret, para quien la Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres.” (Directorio…, n. 183)

“De hecho, "los fieles entienden fácilmente la relación vital que une al Hijo y a la Madre. Saben que el Hijo es Dios y que ella, la Madre, es también madre de ellos. Intuyen la santidad inmaculada de la Virgen, y venerándola como reina gloriosa en el cielo, están seguros de que ella, llena de misericordia, intercede en su favor, y por tanto imploran con confianza su protección. Los más pobres la sienten especialmente cercana. Saben que fue pobre como ellos, que sufrió mucho, que fue paciente y mansa. Sienten compasión por su dolor en la crucifixión y muerte del Hijo, se alegran con ella por la Resurrección de Jesús. Celebran con gozo sus fiestas, participan con gusto en sus procesiones, acuden en peregrinación a sus santuarios, les gusta cantar en su honor, le presentan ofrendas votivas. No permiten que ninguno la ofenda e instintivamente desconfían de quien no la honra". La Iglesia misma exhorta a todos sus hijos – ministros sagrados, religiosos, fieles laicos – a alimentar su piedad personal y comunitaria también con ejercicios de piedad, que aprueba y recomienda. El culto litúrgico, no obstante su importancia objetiva y su valor insustituible, su eficacia ejemplar y su carácter normativo, no agota todas las posibilidades de expresión de la veneración del pueblo de Dios a la Santa Madre del Señor.Las relaciones entre la Liturgia y la piedad popular mariana se deben regular a la luz de los principios y las normas que han sido presentadas varias veces en este documento. En cualquier caso, con respecto a la piedad mariana del pueblo de Dios, la Liturgia debe aparecer como "forma ejemplar", fuente de inspiración, punto de referencia constante y meta última.” (Directorio…, n. 184)

“Sin embargo, conviene recordar aquí de manera sintética algunas líneas generales que el Magisterio de la Iglesia ha trazado respecto a los ejercicios de piedad marianos y que se deben tener en cuenta para todo lo referente a la composición de nuevos ejercicios de piedad, para la revisión de lo que ya existen, o simplemente para su celebración. Los Pastores deben prestar atención a los ejercicios de piedad marianos, dada su importancia; por una parte, son fruto y expresión de la piedad mariana de un pueblo o de una comunidad de fieles, por otra, a veces, son causa y factor no secundario de la "fisonomía mariana" de los fieles, del "estilo" que adquiere la piedad de los fieles para con la Virgen Santísima.” (Directorio…, n. 185)

“La directriz fundamental del Magisterio, respecto a los ejercicios de piedad, es que se puedan reconducir al "cauce del único culto que justa y merecidamente se llama cristiano, porque en Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena expresión y por medio de Cristo conduce en el Espíritu al Padre". Esto significa que los ejercicios de piedad marianos, aunque no todos del mismo modo y en la misma medida, deben:

- expresar la dimensión trinitaria que distingue y caracteriza el culto al Dios de la revelación neotestamentaria, el Padre, el Hijo y el Espíritu; la dimensión cristológica, que subraya la única y necesaria mediación de Cristo; la dimensión pneumatológica, porque toda auténtica expresión de piedad viene del Espíritu y en el Espíritu se consuma; el carácter eclesial, por el que los bautizados, al constituir el pueblo santo de Dios, rezan reunidos en el nombre del Señor (cfr. Mt 18,20) y en el espacio vital de la Comunión de los Santos;

- recurrir de manera continua a la sagrada Escritura, entendida en el sentido de la sagrada Tradición; no descuidar, manteniendo íntegra la confesión de fe de la Iglesia, las exigencias del movimiento ecuménico; considerar los aspectos antropológicos de las expresiones cultuales, de manera que reflejen una visión adecuada del hombre y respondan a sus exigencias; hacer patente la tensión escatológica, elemento esencial del mensaje cristiano; explicitar el compromiso misionero y el deber de dar testimonio, que son una obligación de los discípulos del Señor.” (Directorio…, n. 186)

2. Evangelización y piedad popular mariana en Latino América

El pueblo en general no profundiza demasiado intelectualmente, pero vive la intuición de la fe, el sensus fidelium, que es más profundo que cualquier conciencia simplemente intelectual. El Espíritu Santo es quien trabaja en la Iglesia para llevar al pueblo de Dios por los caminos espirituales. La Iglesia debe trabajar de acuerdo con el Espíritu Santo atendiendo al pueblo de Dios y ayudándolo a elevar y purificar su doctrina y su fe. La devoción mariana en Latino América tiene un arraigo especial y misterioso en el pueblo de Dios, millones de personas se mueven por esa devoción a María y a otros santos. No pocas de esas personas no saben mucho de la doctrina cristiana pero acuden con gran fervor y espíritu religioso a los santuarios, peregrinaciones, procesiones dedicadas a esos santos.

La Iglesia a veces sufre para que alguien la escuche y trate de convertirse a Dios, la gente que acude a los santuarios y peregrinaciones son millones de fieles que están dispuestos y muchas veces sedientos de escuchar el mensaje de Vida, en esas circunstancias en general están más abiertos a la palabra de Dios, más sensibles para abrir el corazón a Dios. El pueblo en el fondo busca a Dios, y lo hace de una manera sencilla, que está a la mano para su realidad intelectual y afectiva, lo hace por medio de devociones, de imágenes particulares, días especiales festivos, costumbres religiosas, etc., de nuestros pueblos amerindios, africanos, criollos y europeos.

Hay que estar conscientes de que el pueblo tiene sed de Dios, pero que no sabe muchas veces cómo profundizar, se puede quedar en la imagen, la costumbre, los ritos tradicionales, pero en ningún momento debemos desvalorizar esta realidad religiosa espiritual, tampoco tenemos que tener un prejuicio solamente porque no la comprendemos. Debemos estar abiertos a la acción del Espíritu en medio de su pueblo, y cooperar para que esa acción ocurra lo mejor que podamos. La Iglesia latinoamericana tiene fuerza no solamente por su verdad, que es eterna e inconmovible, pero también por la gente, por la masa de creyentes. Una Iglesia sin gente no pierde su sentido pero llega a ser casi inútil. Se podría decir que una Iglesia sin gente no es Iglesia. Hay que valorar la gente, el pueblo de Dios, aunque no sea del todo preparado, aunque sea inculto, aunque no tenga muchas veces una fe clara y pura. Ese pueblo es la tierra que debemos trabajar, catequizar, evangelizar desde lo profundo de sus raíces para llevarla a ser un jardín, pero no rechazarla.

Vamos a evaluar la presencia de la devoción a la Virgen María en la realidad litúrgica y pastoral de Latino América: en los documentos del C.E.L.A.M., de la Conferencia Episcopal Venezolana y en la Pastoral Mariana de la Arquidiócesis de Barquisimeto que se centra en el plan de renovación y de evangelización de esta iglesia local en especial por medio de la devoción a la Divina Pastora presente en la región larense y en todo el Centro Occidente del país.

Los Documentos del CELAM.

La Exhortación Apostólica post sinodal de Juan Pablo II Ecclesia in America, n. 11, toma del documento de Puebla n. 282 el punto más álgido del enfoque mariano de ese documento: “En Santa María de Guadalupe encontramos un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada”. La veneración a nuestra Madre y en especial la advocación de nuestra Señora de Guadalupe asociada a sus apariciones en México 1531, se puede considerar el punto de encuentro entre liturgia, piedad popular, santuario, peregrinación, evangelización, inculturación en la realidad del continente americano. La religiosidad popular está presente en muchos de los documentos de la Conferencia del Episcopado Latino Americano C.E.L.A.M. desde el comienzo hasta ahora: recordaremos en el Documento de Puebla 1979: La Evangelización y Religiosidad Popular: 444-469; en el Documento de Santo Domingo 1992: nn. 18; 36; 38; 39; 53; 240; 247; en el Documento de Aparecida 2007: La piedad popular como espacio de encuentro con Jesucristo: 258º-265.

El culto mariano popular relacionado con la presencia de María a lo largo del año litúrgico y de acuerdo con las diferentes advocaciones locales y tradiciones populares ocupa un puesto relevante en la vida de la Iglesia Latino Americana y de la religiosidad del pueblo. La presencia de la Virgen María en la piedad popular es reportada en Puebla n.454: “Ella y sus misterios pertenecen a la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular, venerada como Madre Inmaculada de Dios y de los hombres, como reina de nuestros distintos países y del continente entero”; y en Santo Domingo n. 53: “En esta tarea (de líneas para la Nueva Evangelización) se deberá poner una especial atención a la valorización de la piedad popular , que encuentra su expresión especialmente en la devoción a la Santísima Virgen, las peregrinaciones a los santuarios y en las fiestas religiosas iluminadas por la Palabra de Dios. Si los pastores no nos empeñamos a fondo en acompañar las expresiones de nuestra religiosidad popular purificándolas abriéndolas a nuevas situaciones, el secularismo se impondrá más fuertemente en nuestro pueblo latinoamericano y será más difícil la inculturación del Evangelio”.

Por último el documento de Aparecida, además de reconocer la importancia histórica y actual de la devoción mariana de nuestros pueblos, en especial describe poéticamente un punto importante que relaciona la vitalidad de la piedad popular con la espiritualidad personal y de masas que encuentran en el rosario, en crucifijo, en la vela encendida, en la pequeña expresión de oración vocal y en la mirada a las imágenes queridas de María, el momento de desasosiego en la lucha de lo cotidiano. (Aparecida, n. 261). María, discípula y misionera del Señor en Latino América, reúne, en su modelo espiritual y evangélico a la escucha de la Palabra, la importancia de la devoción popular unida al itinerario catequético de formación y compromiso, a la evangelización, a la inculturación, a la celebración litúrgica en la historia actual de la Iglesia de todo el continente, de cara a un futuro lleno de esperanza.

El Concilio Plenario de Venezuela.

El evento principal de la Iglesia Venezolana después del Concilio Vaticano II ha sido el Concilio Plenario de Venezuela realizado entre el 2000 y el 2006 en Caracas. El tema de la religiosidad popular ha sido tratado en especial en el documento dedicado a “La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela”. Pero la dimensión mariana de la devoción popular se hace presente en distintos puntos de otros documentos del mismo concilio: El pueblo venezolano le manifiesta un profundo amor y devoción reflejados en un gran número de advocaciones y este amor impregna el año litúrgico (CMF n. 23); fortalece e inspira la espiritualidad de comunión (CIV nn. 56, 77); hay que favorecer la devoción a ella y la confianza en su cercanía (JBNJ nn. 84-85); a lo largo del año litúrgico celebramos la presencia diversa y permanente de la Madre de Dios (CMF n. 66); promover el significado de su figura e devoción como modelo de inculturación (ECV n. 89d); potenciar el culto a las diferentes devociones sentidas por nuestro pueblo: Chiquinquirá, del Valle, Divina Pastora, del Socorro, de la Consolación, entre otras (ISMR n. 112).

Por último hay que recordar la Carta Pastoral Colectiva de la Conferencia Episcopal Venezolana por la clausura del Año Jubilar de la Aparición y de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Coromoto el 8 de septiembre del 2003, en pleno desarrollo del Concilio Plenario. En ese documento se presenta el culto nacional a la Virgen María a partir de las apariciones del 1652, las vicisitudes del culto coromotano, el Patronazgo a partir del 1952, y sobre todo la importancia del mensaje que favorece el proceso de unidad del pueblo por la fe en Jesucristo y en el amor a la Virgen Madre de Dios: Ella nos invitó al bautismo para poder ir al cielo.

La devoción a la Divina Pastora en la Arquidiócesis de Barquisimeto.

El amor a la madre está arraigado en nuestro pueblo. Pues bien, la Virgen María para él, refleja en forma sublimada ese amor de madre. A Ella la venera como a Madre de Dios que es, concluyendo de esa maternidad divina, la maternidad universal, ya que el pueblo es consciente de que todos somos hijos de Dios. Ve a María como una persona que está cerca de sus hijos, por su cariño maternal, comprensión, e intercesión, al ponerlos en comunicación con la divinidad. Ella es pues, madre, medianera, intercesora, protectora, socorro, auxilio, abogada. El plan de renovación pastoral en acto en esta Iglesia local toma en consideración la importancia de la liturgia y de la devoción popular mariana que es el eje central de su identidad religiosa, histórica, cultural y eclesial.

Espiritualidad.

A partir del encuentro entre María y su prima Isabel, se realizan las visitas que Ella hace a la humanidad, para dar a conocer el Verbo Encarnado y proclamar a todos el año de gracia. El sentido de agradecimiento y de alegría se expresan en este versículo del Evangelio de San Lucas: “¿Cómo es que la Madre de mi Señor viene a mí?” (Lc 1, 43).

Nuestras tierras han recibido la visitas de María en las apariciones de Guadalupe y a Coromoto, para anunciar la Buena Nueva y dar a conocer al Hijo de Dios entre sus brazos maternales y en cada visita de la imagen de la Divina Pastora a Barquisimeto se renueva el acontecimiento bíblico que hace de María la primera discípula, la primera catequista y evangelizadora de todos nosotros y que nos invita a vivir el misterio Divino.

Descubrir a Jesús a través de María es vivir el amor de Dios desde su dulzura, acogida y comprensión para que nos sintamos hijos del mismo Padre. Ella como madre del Divino Pastor colabora y coopera en la obra de Jesús, ayudándonos a descubrir la necesidad de convertirnos de corazón como la oveja perdida y de participar en comunión por el Espíritu Santo, en una sola grey, y así construir la Iglesia de Cristo cada día desde el amor de Dios. La verdadera devoción a María nos lleva a la renovación de la fe y del compromiso cristiano en la Reconciliación y en la Eucaristía.

Breve historia de la devoción a la Divina Pastora de Santa Rosa.

Es así como nace esta advocación y extensión del culto a la misma, y su punto de partida, fue el día 8 de Septiembre de 1703, con la significativa festividad de la Natividad de la Virgen María, sacando por primera vez un cuadro estandarte de la Divina Pastora, saliendo desde la Parroquia San Gil hasta la Alameda de Hércules, el lugar de reunión del pueblo sevillano, en este referido sitio comenzó a predicar Fray Isidoro, la gloria de María como Madre del Buen Pastor. A partir de esta fecha el Padre Isidoro de Sevilla, consagró 47 años de su vida a la propagación de esta advocación y devoción a la misma en España, Italia, Francia y América.

Esta devoción, fue traída muy pronto a Venezuela. A partir de mayo de 1706 Fray Isidoro y Fray Marcelino comienzan las misiones en los llanos de Caracas, predicando allí las misiones durante tres años la devoción a la Divina Pastora; asimismo logran traer a Venezuela 7 religiosos más, quienes trajeron consigo dos cajones contentivos de libros, imágenes y otros objetos para el culto en sus misiones. Es así como a partir de esta fecha los misioneros capuchinos, son en primer lugar los depositarios de esta advocación, extensión del culto y devoción de la imagen de la Divina Pastora.

Providencial fueron aquellas misiones que los Padres Capuchinos predicaron en esta región de Barquisimeto allá por el siglo XVIII. Fruto de ellas fue el culto y devoción a la Virgen María, bajo la advocación de Divina Pastora de las almas. Más tarde se adquirió la Imagen alrededor del año 1.740, que encarnase este título de Divina Pastora de las almas, con sede en Santa Rosa. Su llegada fue providencial pues estaba destinada al templo de la Inmaculada de Barquisimeto. No fue posible trasladarla a su templo y fue interpretado por los rectores de dichas iglesias como signo y voluntad de que la Divina Pastora quería quedarse allí.

El culto a la Divina Pastora en Santa Rosa, data del tiempo del padre Sebastián Bernalt, quien fue párroco de esta comunidad desde 1736 hasta su fallecimiento en el año 1794, ejerció su ministerio durante 58 años. Durante su ministerio el padre Bernal difundió el culto y la veneración a la imagen de la Divina Pastora; con tan magna manifestación de fe se puede o se debe creer que fue este meritorio sacerdote quien adquirió la imagen de la Divina Pastora para la Iglesia de su propiedad hacia el año 1740.

El Pbro. José Macario Yépez tuvo la feliz idea, en 1856, de sacar en procesión a la Venerada Imagen, ante la terrible epidemia del cólera Morbus que azotaba a toda la región. El Padre Yépez, movido por celestial impulso de caridad cristiana, exhaló su alma en sublimes términos de abnegación y de heroísmo: ...«Madre mía, Divina Pastora, por los dolores que experimentó tu purísimo corazón cuando recibiste en los brazos a tu Santísimo Hijo, en la bajada de la Cruz, te suplico, Madre mía, que salves a este pueblo. ¡Que sea yo la última víctima del cólera!». Desde este día 14 de Enero de 1856 todo el pueblo larense recibe a su Divina Pastora en la Plaza José Macario Yépez y la acompaña todavía multitudinariamente por las calles e iglesias de la ciudad cada año.La devoción a la imagen de la Divina Pastora en Europa y América, es el fruto espiritual que se recoge al haber sembrado en los corazones de los hombres y mujeres creyentes, esta advocación mariana de «Divina Pastora de las Almas».

Contenidos teológicos y pastorales de la devoción la Divina Pastora.

Para lograr la renovación y la actualización de la devoción popular siguiendo los criterios del magisterio se busca de realizar una catequesis bíblica, litúrgica y dogmática. Presentamos un ensayo aplicado a la devoción de la Divina Pastora de Santa Rosa de Barquisimeto.

La imagen de la Divina Pastora se caracteriza por representar la Madre de Dios y nuestra, la Virgen María, sentada con el Niño Jesús en los brazos y con la mano sosteniendo el cayado de pastor y alrededor figuras de ovejas en un ambiente campestre. Varios significados se reúnen en una sola devoción:

Como la Divina Pastora está unida a su Hijo cabeza del cuerpo místico así también María está presente en el nacimiento y en la gracia bautismal de cada hijo de Dios y suscita sentimientos espirituales filiales en cada corazón (La Divina Pastora y el Bautismo). Por eso de manera intuitiva las madres presentan los niños y lo ofrecen a Dios delante de la Imagen de la Divina Pastora agradeciendo el don de la vida y del Bautismo.

María, la Bella Cordera, concebida inmaculada, pura y siempre virgen (La Divina Pastora, Inmaculada Concepción) presenta al inmaculado cordero Jesús concebido por obra del Espíritu Santo y como Iglesia inmaculada, pura y virgen lo ofrece al Padre cual victima pura, inmaculada y virgen junto al pan y al vino para que por el Espíritu Santo sean convertidos en cuerpo y sangre de Cristo (Divina Pastora y la Eucaristía).

María como Divina Pastora presenta y ofrece su Hijo por los pecados del mundo para que nos reconciliemos con el Padre. Nos llama a reconciliarnos con el Padre, por su Hijo en el Espíritu Santo. Nos invita a ofrecer nuestras vidas, nuestras alegrías y sufrimientos para unirlos a los de Ella y a los de Jesús y hacer de nuestra vida una continua Pascua en cada Eucaristía y en cada Reconciliación (Divina Pastora y la Reconciliación y la Eucaristía).

María Divina Pastora, asociada a Cristo Buen Pastor por obra del Espíritu Santo participa del nacimiento de la Iglesia, el verdadero redil de las ovejas espirituales hijos de Dios y coopera a la misión del Espíritu Santo en cada uno de nosotros (Divina Pastora y sacramento de la Confirmación).

María Asunta a los cielos en cuerpo y alma, asociada a su Hijo bendice al pueblo de Dios como Madre del Buen Pastor que nos lleva en su peregrinar en el mundo, intercediendo por nosotros en comunión con el misterio trinitario (Divina Pastora y la intercesión celestial y la Asunción).

La mediación maternal de María en la intercesión de las gracias para el pueblo de Dios, subordinada a la de Cristo, nos invita a una actitud penitencial y oferente, así como en el primer milagro hace 150 años Ella nos recuerda que no perdamos la memoria de cómo el pueblo de Dios la llevó en sus hombros entre lagrimas, ayunos y penitencias invocando su ayuda maternal para que intercediera y los liberara de la peste. La Divina Pastora nos ayuda a vencer en Cristo, con Cristo y por Cristo los nuevos flagelos espirituales y materiales que nos afligen. No hagamos de la procesión una feria sino una fiesta espiritual (Divina Pastora y el sacramento de la unción de los enfermos).

El pueblo de Dios agradeciendo los favores recibidos como signo de triunfo de la fe sobre el pecado y el sufrimiento llevan la imagen de la Divina Pastora con Jesús en sus brazos como la Nueva Arca de la Alianza que contiene a Jesús, la Nueva Ley, signo de sanación y liberación. La Iglesia así celebra la Nueva Alianza entre Dios y su pueblo (Divina Pastora y la Iglesia).

El cayado y las ovejas sugieren la presencia de María en medio de su pueblo como madre de Jesús Sacerdote y de los sacerdotes y nos invita a participar en la Iglesia, como pueblo de Dios, de nuestro sacerdocio universal (Divina Pastora y el Sacerdocio).

La Divina Pastora, madre del Buen Pastor, nos anima a solicitar su cuidado maternal en el camino espiritual como ovejas espirituales, Ella nos acompaña a lo largo de nuestra vida, nos guía hacia Jesús por caminos de justicia y de paz para todos y nosotros la acogemos como madre de Dios y madre nuestra. María como madre no hace diferencias entre buenos y malos, ricos y pobres, blancos, negros e indios y nos motiva a vivir la unidad de la fe como la gran Familia de Dios. La Divina Pastora junto a Jesús y San José protege a todas las familias cristianas (Divina Pastora y sacramento del Matrimonio con pastoral familiar y juvenil).

María madre del Buen Pastor es motivo para las vocaciones sacerdotales y religiosas de nuestra tierra. Invoquémosla para que siempre suscite vocaciones hacia su Hijo en la Iglesia (Divina Pastora y Vocaciones).

María acompaña en fin el peregrinar de los ciudadanos de Dios hacia la Patria celestial, al encuentro definitivo con Cristo para volver a la casa del Padre y nos prepara a todos para su segunda venida gloriosa motivándonos a la conversión del corazón en nuestra vida (Divina Pastora y Parusía).

Así de esta manera podemos comprender las tres dimensiones fundamentales que la celebración y la procesión de la divina Pastora presentan: la dimensión celebrativa que el pueblo de Dios realiza recordando la maternidad divina y espiritual de María, dándole gracias a Dios por el don recibido, la dimensión intercesora invocando la ayuda de María para nuestras necesidades materiales y espirituales, y la dimensión penitencial que ha caracterizado esta devoción desde el comienzo de su historia en Barquisimeto por la cual la Iglesia familia de Dios une sus peticiones ofreciendo sacrificios y penitencias a lo largo de la procesión.

Plan Pastoral de Mariana 2007-2009 de la Arquidiócesis de Barquisimeto

A modo de ejemplo presentamos dentro del plan de renovación pastoral que toma en cuenta la piedad popular unida a la liturgia en el respecto del proceso histórico, religioso, inculturado la realidad arquidiocesana de la Pastoral Mariana.

La realidad actual de la Pastoral Mariana:

Aspectos positivos.

La persona de Santa María Virgen, Madre de Dios y de la Iglesia, y su devoción es parte de la identidad católica tradicional y actual, sin excepción.

La presencia antropológica de una cultura familiar matricentrada, fruto del proceso histórico de la formación de la cultura criolla se identifica y encuentra su respuesta dentro de la visión cristiana con la devoción a María. La función mediática de la madre en las relaciones con los hijos se alarga hacia la figura de María como madre espiritual de los creyentes. Este elemento inculturado ayuda mucho al proceso de evangelización con la figura de María madre que se relaciona con la figura de su Hijo y nos configura a la filiación y fraternización espiritual que se vive dentro del proceso devocional personal y eclesial. Inclusive con el aporte de la visión esponsal matrimonial de la espiritualidad conyugal-familiar se propone la figura de María con José y el Niño y bastante acogida por los creyentes.

Existe una Devoción Mariana muy propia, vigorosa y popular sobre todo centrada en la figura de la Divina Pastora (1856-2006), acompañada, en forma menor, por otras tradicionales como: Nuestra Señora del Carmen Patrona de la Arquidiócesis, Nuestra Señora de Coromoto Patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Altagracia de Quibor, la Inmaculada del Tocuyo, la Guadalupe de Bobare, Nuestra Señora del Rosario de Anzoátegui, Nuestra Señora de la Valvanera en el Tocuyo, entre otras.

La fundación de la Ciudad Madre del Tocuyo fue el día del 7 de diciembre del 1545 vísperas del 8 día de la Inmaculada Concepción, la Purísima bajo cuya advocación queda cobijada la nueva ciudad.

Hay 42 sobre 97 entre Parroquias y Vicarías dedicadas a distintas advocaciones marianas. Lo que implica que el 41% de las entidades eclesiales tiene fiestas patronales marianas por lo menos una vez al año.

A lo largo del año litúrgico se celebran las distintas advocaciones y la presencia mariana en los tiempos específicos como Adviento, Navidad, cuaresma, Semana Santo, Pascua, Tiempo Pascual, Pentecostés, y las distintas fiestas marianas propias: María Madre de Dios, Presentación, Anunciación, Asunción, Inmaculada Concepción, Navidad.

Se ha dado para el año Mariano Jubilar 1556-2006 una evangelización mariana siguiendo un plan Bíblico Mariano Parroquial acompañado por una misión de preparación para el evento específico, donde respondieron el 75% de las mismas con una visita de hogares de aproximados 200.000 casas.

Existen movimientos de apostolado y asociaciones específicamente marianos y otros con marcadas devociones propias que los caracterizan.

Existen todavía archicofradías tradicionales y ligas y grupos de oración relacionados con diferentes devociones marianas tradicionales y actuales, en especial del Escapulario del Carmen, de la Medalla de la Milagrosa, del Rosario, de Nuestra Señora de Coromoto entre otras.

Hay un Centro de Formación, Bíblica, Antropológica, Catequética, Litúrgica, Pastoral, Mariológica y Espiritual para agentes de Pastoral Mariana el C.E.M. que desde tres años está funcionando para laicos, seminaristas y religiosos en relación con la Pontificia Academia Mariana Internacional de Roma.

Se realizan desde distintos ámbitos talleres retiros, ejercicios espirituales de carácter mariano. En específico se trabaja desde diez años con las Jornadas Marianas de carácter regional con el mismo fin en el mes de septiembre.

En el Centro de Estudios Superiores Eclesiásticos “Divina Pastora” se imparte desde el comienzo de su funcionamiento la cátedra de Mariología en 2º de teología para los seminaristas de distintas diócesis del país con una orientación dogmática y teológico pastoral.

Hay cuatro santuarios marianos de cierto renombre, dos en la ciudad de Barquisimeto: Santa Rosa y Nuestra Señora de Coromoto y dos fuera: la de Nuestra Señora de Altagracia de Quibor y de la Valvanera en El Tocuyo. Sobretodo el de Santa Rosa con la presencia de la imagen de la Divina Pastora alcanza fama nacional e internacional.

Hay toda una pastoral propia de la Visita de la Imagen de la Divina Pastora a lo largo de las distintas parroquias y vicarías, desde el 14 de enero hasta el sábado anterior el Domingo de Ramos de cada año.

Con respecto a la Inmaculada en el Tocuyo existe una importantísimo material pictórico iconográfico de la época de la Colonia relacionada con esta advocación que fue famosa y honrada por la población.

Con respecto a la devoción mariana de la Divina Pastora en específico se ha desarrollado un incidencia histórico cultural dentro del ámbito nos solo eclesial, sino también societario, de notable significación, en las artes, pictóricas, musicales, pictóricas, fotográficas, esculturas y audiovisuales que mantiene una frescura y fecundidad actualizada. Se realizan concursos y exposiciones en distintos lugares de cultura, públicos y privados.

Aspectos a mejorar.

Se percibe una adhesión mariana personal que no siempre se sustenta sobre una buena formación bíblica, catequética, litúrgica y doctrinal general. A causa de esto, muchos católicos son presa de sectas evangélicas que critican la devoción mariana porque la consideran no cristocéntrica ni bíblica, y niegan toda participación y cooperación maternal a la gracia por lo cual María no es invocada de ninguna manera.

No siempre la devoción mariana es acompañada por prácticas sacramentales personales y de un testimonio de vida de compromiso eclesial social. Esto conlleva a una racionalización de la fe y una perdida progresiva del espíritu devocional y a un enfriamiento de la misma vida de fe.

Existe un tipo de religiosidad que es emocional, sentimental y afectiva y poco espiritual, y que, en ciertos ámbitos, se puede mezclar con otros elementos de carácter sincretista que confunde el sentido original de lo mariano en la Iglesia y opaca la eficacia de la misma devoción a María.

Existe el peligro de no actualizar el modelo antropológico de María como persona subyacente a la misma devoción mariana, hecho que puede afectar las nuevas generaciones en su identificación con María y a su devoción.

La devoción mariana no es entendida a la luz de los actuales documentos de la Iglesia, existe a veces una formación catequística que se refiere a una mariología anterior al Concilio, lo que daña el trabajo de evangelización.

No se valora suficientemente en la vida parroquial el sentido litúrgico de la presencia de María y su relación con los sacramentos y con la vida interior.

Falta un aporte más sistemático a los representantes de medios de comunicación para una correcta visión y exposición de la dimensión mariana de la doctrina cristiana y del culto. Estas faltas se perciben especialmente en los días previos a la visita de la Divina Pastora.

Se percibe un desconocimiento o un poco uso en los medios eclesiales de la relación María, evangelización y pastorales.

Objetivo General.

Alcanzar una auténtica pastoral mariana de evangelización y vida en la Arquidiócesis, de acuerdo a la pastoral de comunión en la Iglesia Familia de Dios.

Objetivos específicos.

Promover el modelo de María madre, hermana y discípula de la Palabra Encarnada en vista a la gran misión continental a partir de Aparecida el 2007 y de los Documentos del Concilio Plenario de Venezuela 2006.

Alcanzar una evangelización, inculturación, y pastoral de promoción humana a partir de una auténtica devoción mariana.

Fomentar la dimensión mariana de la comunión, la participación, la corresponsabilidad y la solidaridad de cada creyente.

Impulsar la formación actualizada mariana bíblica, antropológica, litúrgica, ecuménica y pastoral en todos los niveles eclesiales, y de manera integrada.

Fomentar la valoración y la vivencia espiritual de la presencia de María en los sacramentos y en los estados de vida laical, matrimonial, familiar, social, sacerdotal, religioso.

Motivar la importancia de la dimensión mariana de la dignidad de la persona, de la vida y de los derechos humanos.

Formación y coordinación de agentes de pastoral mariana en áreas de catequesis, cultura, liturgia, oración, devoción, pastoral de medios, familiar, juvenil, vocacional y social.

Motivar y robustecer en la vida parroquial la dimensión mariana en sus distintas facetas.

Integración de los distintos movimientos, grupos, asociaciones, comunidades religiosas a la pastoral mariana arquidiocesana.

Fomentar el crecimiento de la devoción a la Divina Pastora de forma organizada, integrada, actualizada y a modo de pastoral de comunión espiritual para todos.

Colaborar con la pastoral de santuarios marianos en la Arquidiócesis.

Planificación de trabajo.

Corto Plazo: Convocatoria, integración y planificación de los distintos sectores eclesiales. Zonas pastorales y parroquias con vicarías. Promoción renovada y evangelizadora de las distintas advocaciones marianas.

Mediano Plazo: Organización del plan de Talleres de formación en las zonas pastorales y en las parroquias. Progresiva puesta en marcha. Promoción de las distintas advocaciones marianas.

Largo Plazo: Lograr de forma jerarquizada los distintos objetivos específicos planteados. Promoción de las distintas advocaciones marianas.

Metas a alcanzar.

Desarrollar una auténtica devoción mariana personal, eclesial aunada al proceso de vida interior y al de compromiso en el servicio pastoral y social.

Lograr con María Madre de Dios y Madre nuestra un modelo de evangelización, misión y espiritualidad de comunión en la Iglesia Familia de Dios.

Hacer de la devoción a la Divina Pastora la espiritualidad de comunión de la vida eclesial local.

Lograr una promoción formativa, celebrativa, atenta y vigilante de las distintas advocaciones marianas.

Injertar la devoción y la formación mariana, en especial de la Divina Pastora con el plan de Misión Continental de Aparecida Brasil que arranca el 14 de enero del 2009.


Peregrinaciones y santuarios
- Padre Javier Alson SMC

Introducción.

El tema de los Santuarios está ligado al de las Peregrinaciones. Generalmente cuando se habla de peregrinaciones se está presuponiendo la ida a algún Santuario. Para abordar estos dos tópicos es conveniente abordarlos en conjunto.

Cuando hablamos de Santuario nos referimos a un lugar sagrado, un sitio donde el ser humano encuentra lo trascendente, encuentra a Dios. La realidad de los santuarios va más allá de las fronteras del catolicismo, llegando a todas las religioes, que tienen sus lugares especiales de peregrinación, como por ejemplo los indúes con el Río Ganges o los musulmanes con La Meca. Cuando decimos Santuario Mariano nos referimos a un lugar especial donde los fieles van a venerar a la Santísima Virgen María para encontrarse con Dios.

Los Santuarios Marianos son lugares especiales, no sencillamente parroquias que lleven el nombre de María sino templos donde se da una especial veneración a María la madre del Señor, y que muchas veces no coinciden con una parroquia, aunque a veces sí coinciden, como el caso del Santuario de la Divina Pastora en Barquisimeto que es al mismo tiempo la Parroquia de Santa Rosa de Lima.

Los primeros lugares de peregrinaciones de los cristianos se dieron alrededor de las tumbas de los mártires, en los lugares santos donde vivió Jesús, en Roma, en todos aquellos lugares referidos a la historia de la Iglesia. Hay santuarios dedicados a mártires, santos, otros dedicados al Sagrado Corazón de Jesús como en París.

El origen de los santuarios marianos es muy variable, muchas veces se habla en la tradición de una intervención especial de la Virgen, una aparición, el encuentro milagroso de una imagen sea pintada o de bulto, la erección de un templo especial en honor a la Virgen, etc. Pero en todos ellos lo que ocurre en la actualidad y para que se mantengan activos son los milagros, los favores concedidos, que mantienen el tono de afluencia y participación de los creyentes.

La existencia de Santuarios Marianos puede remontarse incluso hasta el siglo IV en adelante, en la zona de Egipto y de Grecia, Éfeso, en Roma y en otros lugares del mundo, pero se desarrollaron con mucha mayor fuerza después del siglo XII por toda Europa.

Muchos santuarios han nacido y desaparecido luego, hay santuarios marianos que son locales, donde acude la gente de los lugares vecinos, hay otros regionales, hay otros nacionales y otros internacionales como Lourdes, Fátima, en Europa y como Guadalupe en México.

Cuando se habla de santuario debe entenderse un lugar donde acude bastante gente y donde se ofrecen los medios de la gracia, es decir, la confesión y la eucaristía, además de una predicación especial. El santuario implica la peregrinación, muchas personas que acuden al lugar a lo largo del año buscando a Dios, con una actitud penitencial, peregrinos.

Además hay otras personas que acuden a los santuarios más conocidos, que van como turistas, visitantes, estudiosos, atraídos por el fenómeno propio de los santuarios. La ubicación geográfica, la belleza del paraje, la relativa facilidad de acceso y otros factores pueden determinar la mayor o menor afluencia de la gente.

En la actualidad la afluencia a santuarios de importancia internacional como Lourdes o Fátima ha tenido una verdadera explosión, millones de peregrinos acuden al año, de todas partes del mundo, el Santuario del Padre Pío, siendo más reciente, incluso ha superado en afluencia al de Lourdes.

En los santuarios la gente acude a pedir favores especiales, respecto a la salud, la familia, relacionados a la vida espiritual, en una palabra los peregrinos van buscando a Dios, profundizar su vida espiritual, la esencia espiriual del Santuario está en la conversión.

Conversión.

La Escritura utiliza el término griego de Metanoia, cambiar la mente y el corazón, alejarse del pecado para volverse a Dios en el amor fiel y en el servicio. Cambiar el corazón y la mente, cambiar el corazón, es la esencia de la vida cristiana. Los cristianos pueden realizar este cambio en la medida que se encuentran y siguen a Cristo de verdad, de todo corazón. Cuando se acude a un santuario la motivación más íntima es esa metanoia.

La Virgen María en la mayoría de las imágenes se presenta con Cristo en sus brazos, quien tiene el mundo en sus manos o está bendiciendo a la humanidad, sino está sola pero siempre en referencia a Cristo, a Dios, al Espíritu Santo, como la Inmaculada en Lourdes, que significa la Llena de Gracia, llena de Dios o la Guadalupe que está encinta de Jesús y representa la fecundidad divina revelada a los pueblos nuevos que nacen para Dios.

La intervención de la Virgen se hace evidente en los santuarios marianos, ella sigue su vocación y su tarea pedida por el mismo Jesús, ser nuestra madre espiritual y ayudarnos a encontrarnos con Cristo para obtener la vida eterna. He ahí a tu madre,… he ahí a tu hijo…(Cf. Jn 19,25ss) La fe cristiana se ha mantenido viva en Europa y otros lugares también por medio de los santuarios, los cristianos quizás en sus lugares de origen no encuentran una Iglesia animada y la fe se va perdiendo, pero en los grandes santuarios marianos la gente renueva su fe, recarga sus baterías espirituales y regresa dispuesto a luchar por la fe y la iglesia.

La devoción a María nunca puede estar separada de la conversión a Cristo y el objetivo primordial de toda devoción a María es desembocar en una mayor profundidad de fe cristiana. El pueblo sencillo vive una experiencia directa de afecto hacia María, como Madre del Señor y como Madre de la Iglesia, pero en el fondo de su corazón su proceso de peregrinación, su visita al santuario, su devoción a María está abierta a la trascendencia de Dios, es una ventana abierta al encuentro personal y afectivo con el Señor. Hay que valorar el potencial evangelizador y de conversión de los santuarios marianos, el poder de remover los corazones del pueblo de Dios que tiene la devoción mariana y que se concentra en los santuarios marianos y en las imágenes particulares marianas que existen a lo largo y ancho del mundo.

Peregrinación.

La otra cara de la moneda del santuario es la peregrinación. Es un fenómeno que está en el corazón de todos los pueblos de la tierra, el caminar hacia Dios, buscar a Dios en la vida. El hombre por ser consciente, como diría Teilhard de Chardin, es un ser teleológico, tiene conciencia de la muerte y su vida se convierte en una vida teleológica, una búsqueda del destino final de la existencia. Todo ser humano debe caminar hacia su destino definitivo y la vida, por ser tan corta y única se convierte en una peregrinación por el desierto hacia un fin desconocido. Todas las religiones en general tienen por lo tanto en su realidad las peregrinaciones a lugares especiales.

La fe bíblica monoteísta está marcada por un profundo sentido de la peregrinación. Abraham, el padre de los creyentes, el primer hombre que dejó los falsos dioses para abrazar la fe en el Dios vivo y verdadero, recibió de ese Dios la exigencia de dejar su tierra y su familia de origen para irse a caminar en el desierto, ser un “arameo errante” (Cf. Dt 26,5) y en ese desierto encontrarse con Dios, recibir la promesa del futuro, una descendencia “como las arenas del mar” (Cf. Gn 22,17). Todo peregrino es otro Abraham que espera encontrarse con el Dios vivo en su interior y recibir las promesas de Vida Eterna.

Una vez que el pueblo de Israel crece, fruto de la promesa de Dios a Abraham, es esclavizado en Egipto, y por intervención milagrosa de Dios, por medio de Moisés, el pueblo es sacado al desierto, liberado del yugo del Faraón. En el desierto el pueblo es de nuevo peregrino, y en la purificación de los 40 años del desierto recibe la revelación de Dios, las Tablas de la Ley de la Antigua Alianza, los Diez Mandamientos. Allí, en la peregrinación del desierto, el pueblo de Abraham se hace pueblo de Dios ratificando la alianza con Dios, allí se purifica de sus apegos al mundo materialista y engañoso de Egipto, un mundo más cómodo, más seguro, con agua y alimentos, pero con un yugo para la verdadera fe en Dios. El pueblo de Israel debe irse al desierto, peregrinar, dejarlo todo, renunciar a todos los apegos, vivir una experiencia de inseguridad, pobreza, falta de apoyo de las cosas conocidas para encontrarse verdaderamente con Dios, el Dios trascendente, infinitamente libre, que no hace acepción de personas, que no se somete a ningún poder terrenal, el Dios ante el cual Moisés debe despojarse incluso de sus sandalias para poder acercarse a él.

La fe de Israel ocurre dentro de su peregrinación en el desierto, allí se da el encuentro auténtico y renovado entre la descendencia de Abraham y Dios. La fe no puede simplemente heredarse, es necesario que los descendientes de Abraham se encuentren verdaderamente con Dios y se comprometan a seguirle de corazón en una Alianza espiritual y esto ocurre en medio de la peregrinación por el desierto. La fe de Israel está esencialmente ligada a la peregrinación por el desierto.

El creyente tiene tendencia a instalarse en una seguridad material por sus necesidades biológicas y sociales pero la vida se le va escapando cada día y se ve presionado para caminar en el espíritu. Se puede llegar a perder a Dios en nombre de la comodidad e instalación. Cuando se entra en el desierto del creer, en el vacío del sinsentido de la vida, el creyente se pone en camino para buscar a Dios, y muchas veces lo hace por medio de una peregrinación a un santuario.

La Iglesia en la medida que se instala demasiado, desaparece, la fe es como el rocío de la mañana que se seca al calentar el sol, es necesario siempre salir a caminar, desinstalarse, arriesgarse a caminar hacia Dios, renunciar a las cosas que nos dan seguridad y andar en el camino del Espíritu. Los santuarios marianos se mantienen como una opción concreta para las personas creyentes, siguen suscitando el sentido de la peregrinación, de la penitencia, del dejar las comodidades que adomecen nuestra vida espiritual. No hay que perder el sentido importante de los santuarios y las peregrinaciones y menos hoy día cuando el mundo se ha secularizado tanto.

El ponerse en camino es una realidad especial y concreta. El peregrino sale de su tierra, viaja a un lugar lejano, pasa trabajo, hambre, sed, necesidades, no duerme bien, no sabe lo que va a encontrar, puede tener accidentes en la vía, enfermarse, se aleja de su lugar seguro, de su nido, para volar. El peregrino busca a Dios, trae un problema, un sufrimiento, viene a implorar, se humilla ante Dios, pide humildemente. El peregrino reconoce sus pecados, busca el perdón de Dios, se despoja de su soberbia ordinaria, se quita las sandalias, como Moisés, quien estaba peregrinando en su vida y se encontró con Dios, luego cuando estaba peregrinando con el pueblo de Israel se encontró con Dios en el monte Horeb y recibió de Dios las tablas de la ley que son una referencia para toda la humanidad. El peregrino busca beber el Agua de la Vida, busca palabras de Vida, consuelo, alimento espiritual, el estado de peregrino es el mejor para la metanoia o conversión, es la disposición más adecuada para que Dios trabaje en el corazón y le dé la fuerza del Espíritu para continuar un auténtico camino en la vida, no el camino falso del engaño sino el camino que lleva a la Vida.

Todos somos peregrinos de la vida, vamos caminando hacia nuestro destino definitivo, y en algún momento de nuestra existencia entramos en la dimensión del peregrino, sentimos la experiencia profunda de nuestra peregrinación. Por eso el peregrinar católico hay que considerarlo como un momento especial e importante, un momento profundo donde se pueden dar acontecimientos trascendentales para el creyente. Si queremos trabajar en la Iglesia fomentando la conversión tenemos que valorar la realidad de la peregrinación y por lo mismo de los santuarios, y asumirla como una auténtica labor pastoral.

La Nueva Evangelización con María.

La experiencia que hemos tenido en Venezuela trabajando desde la devoción a María en una Evangelización nos ha enseñado muchas cosas. Una muy importante es la apertura que tiene el pueblo de Dios al mensaje evangélico cuando se realiza por medio de María. Cada uno de nosotros tiene en lo más profundo de su ser inscrito el amor de la madre, la confianza primordial de un ser humano está basada en la madre, es la persona en la cual cualquiera de nosotros puede confiar sin ninguna sombra de inquietud (a menos que sean casos especiales de madres problemáticas). La confianza profunda, subconsciente, que le tenemos a la madre se continúa en forma natural con la confianza a María, nuestra madre en el espíritu, dada por el mismo Jesús en la cruz (Cf. Jn 19,25ss).

Una vez que el pueblo se convoca para una actividad con María, como por ejemplo rezar el Santo Rosario en un sector, una Misión Mariana, una celebración relacionada con la Virgen, una Procesión, etc., se le puede enseñar muchas cosas y ayudar a purificar su fe cristiana, irlo llevando hacia una fe cada vez más sólida y más limpia. El sentimiento afectivo espiritual se mantiene, el ambiente propio de apertura, de confianza, de comunión familiar, ayuda a realizar la evangelización y a sembrar la palabra en una tierra preparada por María.

La Divina Pastora.

Como experiencia concreta en la Arquidiócesis de Barquisimeto a partir de la devoción a la Divina Pastora, este año se celebra el 150 aniversario de la visita de la sagrada imagen a la ciudad, tradición de fe que se ha mantenido y crecido a lo largo de esos 150 años de procesión, y donde el 14 de Enero, día de la procesión, se congregan más de un millón de personas de la región y de otras partes del país para acompañar a María desde su Santuario en Santa Rosa hacia la catedral de la ciudad, unos 8 kilómetros aproximadamente. La Misión de Evangelización fue requerida por los Obispos de la Arquidiócesis y se nos pidió ser los responsables de la misma. Elaboramos unos videos formativos, tocando la mariología básica, bíblica y dogmática, junto con la teología de la imagen dela Divina Pastora. Al mismo tiempo se hicieron unos pequeños afiches con la imagen de la Virgen y la consagración de la familia a Dios y un Díptico con el resumen de la toda la doctrina de la Misión. En cada parroquia se formaron equipos de misioneros de acuerdo con sus párrocos, unos más entusiasmados que otros, que recibieron la formación doctrinal con los videos de la Misión, y se visitaron muchos hogares, entre 200.000 a 350.000, llevando el mensaje de Dios, de la Iglesia, a esos hogares, y dejando en ellos la imagen de la Virgen, muy querida por el pueblo, con la consagración del hogar en ella.

No podemos medir exactamente el efecto de este trabajo, pero sí podemos resaltar algunos elementos positivos. Por una parte se están formando mejor los agentes pastorales (misioneros) de las parroquias, por otra parte se le está llevando al pueblo una formación cristiana mariana actualizada, que no va a romper su devoción a María sino que va a elevar su nivel de formación cristiana y le va a servir para ubicar y aprovechar mejor su devoción a María en el camino de conversión. Además se está motivando a las parroquias a mantener su carisma misionero, una fe viva que se transmite y se difunde.

Santuario de la Coromoto.

La otra experiencia concreta relacionada a santuarios y peregrinaciones la tenemos en Guanare, con el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, aparición de hace unos 350 años a una familia y tribu de indígenas y Patrona Nacional de Venezuela. Allí en la zona realizamos misiones 2 veces al año llevando el mensaje de la Iglesia casa por casa y dejando un pequeño díptico con un resumen doctrinal, motivando al pueblo para que participe de la Iglesia y compartiendo su sentimiento, su vida, sus sufrimientos y alegrías, ya ellos nos esperan y se sienten agradecidos de esas visitas y misiones. Los jóvenes que participan en ellas reciben siempre muchas gracias especiales, en el compartir con el pueblo, en ver a veces la pobreza cara a cara, las necesidades de personas concretas, además de tantos momentos especiales de oración, liturgia, compartir la alegría, la amistad, la dirección espiritual, etc.

También ayudamos en el Santuario propiamente, sobre todo en la celebración del sacramento de la reconciliación a los peregrinos, celebrando algunas eucaristías, y también realizando una pequeña misión a los peregrinos y visitantes del Santuario.

La experiencia más impactante que hemos tenido en el Santuario mismo es relacionada a la Confesión. Hay muchas personas que pasan por allí, a veces solamente de paso, porque el Santuario está ubicado cerca de una carretera nacional y muchas personas simplemente pasan, visitan un rato y siguen su camino, no son realmente peregrinos, aunque sin saberlo muchas veces sí lo son. En no pocos casos hay personas que sienten la necesidad de confesarse, y muchos de ellos tienen años sin hacerlo. A veces son problemas profundos y las personas reciben una gracia especial para encontrar el camino, renuevan su fe y su esperanza en la visita al santuario.

Nuestra primera misa después de ordenados sacerdotes fue en el santuario de Guanare, y antes de la misa realizamos nuestras primeras confesiones, las dos primeras personas eran dos mujeres, una tenía 17 y la otra 22 años sin confesarse, pensaba que lo más difícil para el sacerdote sería la confesión, pero fue una sorpresa, fue y ha sido una de las cosas más hermosas que vivo en el sacerdocio.

En el santuario la gente experimenta una libertad espiritual, como dijo Juan Pablo II en Scheztokowa, el santuario nacional de la Virgen de Iasna Gora en Polonia: “En Scheztokowa los polacos siempre hemos sido libres”. Esta libertad espiritual se puede explicar teológicamente por la realidad mariana de la Inmaculada Concepción. María es libre de pecado, nunca entró en ella el pecado, nunca tuvo negocios con él, y el santuario mariano es su casa. En esa casa de María no hay opresión espiritual, y el cristiano siente esa libertad interior, aunque de manera muchas veces subconsciente, y percibe con mayor claridad espiritual su necesidad de limpiar su corazón, percibe más claramente su pecado, y siente la necesidad de confesarse. Es innumerable la cantidad de personas que se confiesan en los santuarios, muchas de ellas que no venían con la intención de hacerlo.

La otra experiencia en el sacramento de la Confesión y de la Eucaristía se da en las celebraciones especiales en el santuario. Por ejemplo la Arquidiócesis de Barquisimeto realiza cada año una peregrinación arquidiocesana a Guanare, el día 28 de Mayo, que es feriado a nivel civil, y prácticamente todas las parroquias de la arquidiócesis acuden a Guanare (2 horas de Barquisimeto) en esa peregrinación. Allí muchas personas se confiesan, se celebra la Eucaristía con el Arzobispo y Obispo auxiliar de Barquisimeto, se vive una experiencia enriquecedora de identidad eclesial, de predicación, de comunión, de encontrar las personas conocidas. Es una hermosa experiencia que purifica y fortalece la fe y la Iglesia, una experiencia de peregrinación eclesial a un santuario mariano que ayuda a renovar la fe y hacer la Iglesia más viva y más joven.

Muchas personas acuden al Santuario, en peregrinaciones parroquiales, familiares o personales, a “pagar promesas”, por favores concedidos por diversas causas, de salud u otras necesidades. Otras van a buscar solucionar un problema espiritual y encuentran en la confesión una luz que los ilumina a la vez que sanan sus heridas, se liberan del pecado. Las personas sienten el regreso a la casa de Dios, son arropados en el corazón maternal de María, regresan como el hijo pródigo a la casa de su padre. Sienten la acogida de la Iglesia que los recibe, los perdona, los aconseja, no les cierra la puerta, a pesar de haber estado alejados por muchos años o por muchos pecados. Muchas de las personas lloran, se abren de corazón, sienten su impotencia y su necesidad de Dios. Es un misterio hermoso donde los creyentes van a buscar las Aguas de la Vida, renovar su bautismo y recuperar la gracia perdida, esta realidad es evidente sobre todo en el Santuario de la Coromoto, cuya aparición según la tradición dijo a los indios: “vayan donde los blancos que les echen el agua en la cabeza para ir al cielo”, refiriéndose al bautismo porque ellos no estaban bautizados. Es en este sentido una aparición interesante porque ocurre a una tribu que todavía no era cristiana, invitándolos a entrar en la Iglesia por medio del Bautismo.

Conclusión.

Los Santuarios serán fuente de vida espiritual y religiosa por muchos años. No hay que desaprovecharlos. La Iglesia se revitaliza con la práctica de los Santuarios, con las peregrinaciones, con las prácticas que rompen la rutina, mueven a la gente, hacen salir de lo cotidiano, cuestionan. El punto central es siempre la conversión del corazón, una verdadera vida de fe cristiana, un verdadero seguimiento de Cristo, conversión a Dios. La devoción a María es un camino importante y presente en la Iglesia desde mucho tiempo atrás, que tiene su testimonio en el mismo Nuevo Testamento, y está presente a lo largo y ancho del mundo entero. Aunque a veces se dan casos de sincretismo o de cierto descentramiento de la devoción mariana respecto a la fe cristiana, sin embargo es un caudal de pueblo de Dios que se mueve sin tener que moverlo y que se pone en manos de la Iglesia para ser trabajado, no hay que despreciarlo.


Bibliografía:

-Nuevo Diccionario de Mariología Stefano Di Fiores y Salvatore Meo. Ediciones Paulinas. Madrid 1988. Voz: Santuarios, Peregrinaciones.

-Dizionario di Mistica. L. Borriello – E. Caruana. Librería Editrice Vaticana. 00120 Citá del Vaticano. 1998. Voz: Conversione.

-Biblia de Jerusalén.